ZACARIAS M. MAILLO. Me gustaría decir lo contrario pero me resulta imposible. Asisto a la precampaña electoral municipal con un cierto rictus de resignación porque sigo sin vislumbrar, de entre todas las candidaturas, una que ejerza con liderazgo el debate político y lo sitúe allá donde siempre debe estar: un proyecto para la Majadahonda de los próximos 20 o 25 años. En lo esencial, los partidos ponen sobre la mesa dos tipos de herramientas electorales, cada cual menos creíble y más inútil, a partes iguales. Por un lado, los eslóganes simplistas: “somos la opción nítidamente liberal” o “nos comprometemos a hacer una política de izquierdas”. Como si de cualquiera de los asertos se desprendiera automáticamente y sin explicación ni matiz algunos la conclusión de que ser una cosa o la otra traerá un beneficio cuasi divino e inmediato. Y por otro, la catarata de propuestas sin un proyecto que las englobe de una manera coherente, ni por supuesto ningún sustento presupuestario razonable. Dicho de otro modo, mucho ruido y pocas nueces. Precisamente, en ese sentido, echo de menos una serena y sosegada reflexión sobre el modelo presupuestario de Majadahonda, como medio imprescindible para construir ese proyecto local de futuro para todos.

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