
MIGUEL SANCHIZ. (9 de mayo de 2025). León XIV: El Papa que viene. Lo que cambia, lo que sigue y lo que puede transformarlo todo. Fumata blanca. Silencio expectante. Y por fin, la fórmula ritual: “Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam… Leo decimus quartus!”. Así se presentó al mundo el nuevo Papa, León XIV, el 267º sucesor de Pedro. A los 69 años, Robert Francis Prevost Martínez (1955), cardenal nacido en Chicago (Estados Unidos) y de doble nacionalidad estadounidense y peruana, asume la cátedra de Roma con la responsabilidad de guiar a la Iglesia en una época de complejidad histórica, fragmentación cultural y esperanzas latentes. Su elección, sin sorpresas pero con profundo simbolismo, marca el inicio de un pontificado que muchos perciben como una bisagra entre el legado reformista de Francisco y los desafíos de una Iglesia llamada a reimaginarse sin perder su raíz. La pregunta que ahora atraviesa todas las miradas es: ¿qué rostro ofrecerá León XIV al mundo? ¿Qué Iglesia proyectará hacia las generaciones futuras? Lo primero que ha sorprendido es el nombre elegido: León. Una elección cargada de historia. León I, el Grande, defensor de la ortodoxia y negociador con Atila. León XIII, impulsor de la doctrina social. En esa línea parece inscribirse este nuevo Papa: una figura doctrinalmente clara, pero con sensibilidad pastoral. Su estilo personal, según quienes lo conocen, combina sobriedad litúrgica con una calidez que no busca el aplauso sino la autenticidad. En su primera aparición, no hubo gestos teatrales, pero sí una mirada serena, profunda, que pareció decir más de lo que dijo con palabras.







