

Audiencia MJD 2026
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FEDERICO UTRERA. Regreso de Bilbao donde gracias a la amabilidad de la comisaria Lucía Agirre y la diligencia de la periodista Idioia Arrate pude visitar el museo Guggenheim para estudiar y disfrutar la exposición titulada “Bill Viola”, a secas. El agradecimiento es doble, no solo por la invitación sino por las inoportunas fechas: el buque insignia cultural de la ciudad se encuentra varado en la ría con los fastos de su XX cumpleaños y quiso la feliz casualidad que hasta la fotógrafa Kira Perov, esposa del videoartista norteamericano, visitara la ciudad también ese mismo día. Como de bien nacidos es ser agradecido, quede en primer lugar mi testimonio antes de emprender esta tarea crítica que a todo investigador obliga. En esto las comparaciones no pueden ser nunca odiosas y ese método se impone: tras acudir a las últimas exposiciones de París y Florencia, teniendo como anfitriones al Grand Palais y a la Fondazione Palazzo Strozzi, había que comprobar si Bilbao había estado a la altura.


Anna Albertí i Esteba, catalana que desde julio vive “entre Madrid, Barcelona y Girona y no me ha supuesto un problema convivir en la capital, donde hay una gran pluralidad social y política”, ha hecho público en la prensa catalana, que “el 1-O, ciertos comportamientos rompieron mis esquemas. Al mediodía pasaron por el paseo [Gran Vía] de Majadahonda personas, de entre 50 y 70 años en su mayoría, con enormes banderas de España. Pregunté a dos señores qué celebraban. Uno de ellos, en un tono irritante, me dijo: «¡Que viva Cataluña, pero española!” Me quedé impactada, no sólo por la respuesta, sino por su convicción. ¿De verdad se manifestaban contra el derecho a la autodeterminación mientras en Cataluña la Policía Nacional y la Guardia Civil cargaban contra votantes pacíficos? Un sentimiento de tristeza e impotencia me invadió”.
