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PAULA BERBELL. Isidoro Bustillo Bustillo ha contado en las redes sociales otra alucinante historia de Majadahonda: la de aquel día en que los majariegos tenían un lago –concretamente una laguna– y creyeron que lo habitaba una ballena. La misteriosa leyenda dice así en boca del autor que la recopiló: «La famosa ballena de la laguna, que luego resultó ser una albarda, a la que los majariegos acudían a observar y cazar con palos y escopetas, es relativamente conocida. Incluso hay una peña, que con su nombre y logotipo, hace alusión a ella».

PAULA BERBELL. La historia de la muerte accidental del que fuera alcalde de Majadahonda, Marcelino Sanz Calvo, afloró otra curiosa historia de la ciudad. La recordó Julián Hernández cuando proporcionó más datos sobre el paraje conocido como “El Villar”, en la zona donde se juntan el arroyo del Plantío y el río Guadarrama, y marca el lugar donde falleció Marcelino Sanz al volcar su tractor mientras trabajaba. «En esa zona también apareció un sarcófago visigodo, que no estoy seguro si lo encontró él mismo, con lo cual en esa zona debe de haber enterrados los restos de una ciudad o pueblo visigodo”. ¿Qué hay de cierto? Hace 14 años, la periodista Esther Sánchez del diario «El País» daba la noticia, que era la siguiente:

“El 19 de noviembre de 1936, Miguel Hernández le escribe a Josefina Manresa, su novia. Correspondencia (Ed. Espasa Calpe): «Sigo en Alcalá de Henares, que se parece mucho a Orihuela. Hay columnas y conventos por todas partes. Si fuera de permiso, te llevaría una cajita de almendras en dulce –que aquí llaman garrapiñadas– que son de buen paladar…» En el reverso de una de las cartas escribe: «Basta con que pongas esta dirección: Miguel Hernández, del Batallón del Campesino (Alcalá de Henares)». En otra, fechada en diciembre, le expone su ardoroso deseo de estar junto a ella: «Nos casamos ahí, en Orihuela, en Cox, donde a ti te parezca y nos venimos los dos aquí para siempre». En ninguna de las cartas, fechadas en diciembre, le comenta la trágica muerte de Pablo de la Torriente abatido el 19 de ese mismo mes en Majadahonda y cuyo cadáver, sepultado bajo la nieve, no se logró encontrar hasta tres días más tarde”. Quien esto escribe es el historiador Vicente-Alberto Serrano. Un artículo y una canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez ilustran un acontecimiento de la historia de Majadahonda en el siglo pasado.




«Cuando la Asociación Galega de Instrumentos de Cuerda (AGIC) creó el Concurso Ciudad de Vigo, pensaba que su ámbito sería el autonómico. Solo cinco años después, ya se ha convertido en un certamen conocido y valorado en todo la península ibérica. El prestigio que ha alcanzado la cita en tan poco tiempo y la fama de competición con buen ambiente e incentivadora atraen a aspirantes de todo el territorio español y también del portugués. De hecho, de los diez ganadores de la quinta edición, que se clausuró este domingo en el Conservatorio Superior de Música de Vigo (CSMV), solo dos son gallegos: Zaira Pena Montes, de Narón y Blanca Budiño Roca, de Cangas do Morrazo, que ganaron las categorías B -hasta 15 años- y C -hasta 18- de violonchelo, respectivamente. Completan el plantel de galardonados en este instrumento Carlos Vidal Ballester, de Valencia, -en el grupo A, de hasta 12 años- y Elena Manrique Izquierdo, de la localidad madrileña de Fresnedillas -D, hasta 22-.