
«Llegué a Majadahonda con cuatro años en 1987 y desde entonces he crecido aquí. Mucho ha cambiado el pueblo al que llegué con apenas 30.000 habitantes y actualmente supera las 70.000 personas. Mis padres compraron una casa cerca de la actual estación de tren de cercanías (en esa época sólo había un apeadero en El Plantío) a las afueras de un pueblo al que solo estábamos conectados por una carretera solitaria, bordeada por solares vacíos sobre los que posteriormente se construyeron los actuales edificios. Era una de las primeras urbanizaciones dispersas que han ido conformando el trazado urbano alrededor de un antiguo núcleo de casas bajas. Se encuentra en el término municipal con Las Rozas y El Plantío, por lo que es la eterna olvidada en los planes urbanísticos. Las urbanizaciones se hicieron cada vez más cerradas y aislaron cada vez más a sus habitantes. Comenzaron a construir urbanizaciones de lujo con muros perimetrales, cámaras de seguridad y vigilancia 24 horas. Familias enteras viviendo en burbujas alejadas de la realidad con una falsa sensación de protección. Esto atrajo a una población con alto poder adquisitivo y por lo general muy afín a la conservadora ideología del equipo de gobierno.







