
MANU RAMOS. Han pasado dos semanas desde que el PSOE de Madrid «implosionara» externamente y su líder Juan Lobato dimitiera porque «mi forma de hacer política no es compatible con la dirigencia actual de mi partido. Lo hago para poner freno al enfrentamiento en el partido», decía apenas 24 horas «después de descartar un paso al lado y retar a Moncloa«, según coincidieron numerosos analistas y medios de comunicación. Fue el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, quien desafió públicamente a Lobato a «dar nombres» cuando este denunció un supuesto «linchamiento» por parte de compañeros de partido, pero Juan Lobato, que había sido un asiduo a los actos en Majadahonda gracias a la mediación de su amigo que le asesoraba en Comunicación, David Rodríguez Cabrera, portavoz municipal socialista, dio la callada por respuesta. Sin embargo, la sorpresa no estaba en el desmantelamiento de la anterior estructura socialista madrileña, que ya ni siquiera encabeza la Oposición y es tercer partido tanto en la Comunidad de Madrid, como le ocurre también en Majadahonda, sino en el «ascenso» por «sorpresa» del secretario general del PSOE majariego, Borja Cabezón, que hace valer su amistad con Juan Lobato y Felipe González a pesar del distanciamiento del legendario presidente con el actual inquilino de la Moncloa.









