

Audiencia MJD 2026
1,4 millones de lectores a lo largo de 2025




CRESCENCIO BUSTILLO. El “Tío Sabiondo” era otro de estos personajes de Majadahonda que tenían su historia propia. Era un hombre achaparrado, de mediana estatura, rubicundo y coloradote, tenía una gordura maciza sin tripa, pero era por un igual de abajo a arriba y en la cara tenía papadas como si fuera un cerdo con un cerco de carne alrededor de los ojos, que parecía talmente un cochino cebado. Se dedicaba a labrar unas pocas tierras en renta, alguna que tenía en propiedad, un par de viñas pequeñas, y un huertecillo de poca importancia. Todo el trabajo que necesitaban para cuidar estas finquillas se lo hacían en familia, con un par de bestias pequeñas que las explotaban de verdad. Tenía una mujer, la “Tía Borrega”, que era una esclava en las manos de aquel tío bruto y tirano que no vivía nada más que para él. Tenían cuatro hijos, dos varones y dos hembras, a los que también alcanzaba su tiranía, tal es así que los hacia trabajar como a las bestias, sin derecho a replicar en nada, pues no escatimaba en medios para conseguirlo, bien golpeándolos o con otros severos castigos. Contaban que más de una vez había enganchado a la mujer al yugo con otra bestia, para labrar la huerta, arreándola con un látigo como si fuera una bestia más. El, más que trabajar, ordenaba y hacia trabajar sin descanso a los demás, pero comía y bebía como un sibarita, mientras que los hijos y la mujer estaban condicionados a la voluntad suya.

CRESCENCIO BUSTILLO. Otro de los hombres celebres en Majadahonda que yo he conocido era el “Tío Tejero”, un hombre muy chistoso, que te estaba contando cuentos una semana sin parar y no se le acababa el repertorio. Tenía además una imaginación muy fértil y de cualquier situación que hubiere presenciado creaba una historieta. Imitaba a los personajes con ademanes y frases –a los protagonistas de tales situaciones– que parecía realmente verdad. Pero, eso sí, siempre adornadas con la picaresca humorística de su cosecha particular. Cuando yo le recuerdo tenía más o menos sus 50 años, era de talla media, más bien bajo, ni gordo ni flaco. Como dato significativo tenía un dedo tieso, el índice de la mano derecha, proveniente de un accidente laboral. Y como dato adicional diremos que le gustaba bastante el vino pero nunca se le veía borracho del todo. Acudía con frecuencia a las tabernas, jugando alguna vez a las cartas, pero no era este su fuerte.



JOSE RACIONERO. El Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana, más conocido como plusvalía municipal, grava el incremento de valor que se genera cuando se transmite un inmueble, ya sea por venta, por herencia o donación. Paradójicamente, el Impuesto de Plusvalía se calcula en base a los años que el inmueble ha estado en posesión, sin tomar en cuenta si se ha perdido dinero con la venta. Sin embargo, en los últimos tiempos, con la crisis inmobiliaria, es bastante habitual que una vivienda se transmita por un valor inferior al que fue adquirida, esto es, con minusvalía. Esto significa que estaríamos pagando un impuesto de plusvalía sobre una ganancia patrimonial que realmente no se ha producido.