Las campanas y las cerezas de una tragaperras vienen de una máquina que un mecánico bávaro, Charles Fey, montó en San Francisco, y de una treta legal de quienes la copiaron. La fecha exacta de esa máquina sigue siendo objeto de discrepancia entre las fuentes. ¿Qué se sabe de verdad sobre ella?
Tres rodillos y una campana
La Liberty Bell era una máquina de mostrador con tres rodillos. Sus símbolos eran herraduras, estrellas, campanas y tres palos de la baraja: corazones, diamantes y picas. Había premios menores, por ejemplo, por tres corazones o tres diamantes, pero el mayor lo daban tres campanas en línea: 50 centavos, es decir, diez monedas de cinco. Esa campana no ha desaparecido: sigue en los rodillos de muchas tragaperras online con dinero real de estética clásica.
Cuándo se fabricó es otra cuestión. La placa del California Historical Landmark n.º 937, colocada en 1984 en el 406 de Market Street, dice que allí creó Fey la original de tres rodillos con campana en 1898. La ficha del registro de ese mismo monumento da 1895. La biografía de Wohlers y Schmaltz la sitúa en 1899, como versión modificada de una máquina anterior, la Card Bell, que solo llevaba símbolos de cartas. Ni la placa oficial resuelve la fecha.
Un invento que no se podía patentar
Lo que sí está documentado es cómo ganaba dinero con ella, y eso dependió de la ley. Como el juego era ilegal en California, Fey no podía patentar la máquina. Sin patente, Fey no vendía las máquinas: las instalaba él mismo en los bares de San Francisco, se ocupaba del mantenimiento y repartía la recaudación al 50 % con el dueño del local. El sistema aguantaba mientras nadie copiara la máquina y el taller siguiera en pie.
El terremoto, la copia y la prohibición
El taller fue lo primero en perderse: el de Market Street, donde Fey trabajaba desde 1897, quedó destruido en el terremoto y el incendio de San Francisco de abril de 1906. Fey volvió a abrir; según Wohlers y Schmaltz, en cuatro meses, en las calles Jesse y Quinta. Poco después del terremoto llegó la copia. Herbert Mills, de Mills Novelty, en Chicago, fabricó su propia Liberty Bell con el mismo mecanismo interior, y sin patente, nada se lo impedía.
La amenaza siguiente no vino de un competidor, sino de la ciudad. San Francisco prohibió las tragaperras en 1909, cuando ya funcionaban allí unas 3.000. Wohlers y Schmaltz elevan la cifra a 3.200 y les atribuyen una recaudación de 12 millones de dólares al año.
De dónde salen las cerezas
Para sortear las prohibiciones, Mills añadió a sus máquinas un dispensador de chicle hacia 1910. Así, la Operator Bell podía pasar por expendedora y no por aparato de juego. Los símbolos de cartas dejaron paso a símbolos de fruta que, según Marshall Fey, sugerían los sabores del chicle: cereza, naranja, ciruela y limón. Marshall Fey añade que casi nadie recogía el chicle, que era de mala calidad.
Dos símbolos clásicos de las tragaperras tienen así orígenes opuestos. La campana es el invento de Fey; las frutas, la treta de su copiador para esquivar la ley. Lo que sigue abierto es el año en que empezó todo: 1895, 1898 o 1899, según la fuente.

