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Cómo las plataformas digitales cambian la vida social en los pueblos

Cómo las plataformas digitales cambian la vida social en los pueblosEn Majadahonda, la Gran Vía peatonal sigue siendo el punto de encuentro de cada tarde. Lo que ha cambiado es la manera de quedar: el plan se cierra antes en el móvil que en el banco de la plaza. Esa mezcla de calle y pantalla define hoy la vida social de casi cualquier municipio de la sierra de Madrid, y conviene mirarla sin nostalgia y sin alarma.

El ocio que se queda en el salón

Una parte del tiempo libre que antes pedía salir de casa ahora transcurre en el sofá. Ver una serie o seguir una emisión en directo compite con la sobremesa larga y con el paseo de después de cenar. En esa oferta doméstica han ganado terreno propuestas muy distintas entre sí, y entre ellas figuran los casinos con bonos de bienvenida sin depósito, que ocupan ratos sueltos de la noche sin obligar a moverse del barrio. El fenómeno no es exclusivo de las ciudades grandes; en municipios como el nuestro pasa lo mismo, solo que con menos ruido. Lo relevante para la vida vecinal es sencillo: cada hora frente a la pantalla es una hora que no se pasa en la terraza de abajo.

El grupo de vecinos manda

Antes, los avisos de la comunidad colgaban del tablón del portal. Hoy circulan por un grupo de WhatsApp que casi todo edificio tiene, y que sirve para alertar de una avería, recordar la fecha de una junta o cuadrar el partido del domingo. Tiene sus grietas, y los administradores de fincas insisten en que esos grupos no sustituyen a la junta de propietarios y en que nadie está obligado a entrar en ellos. Aun con esas limitaciones, han creado un canal vecinal que funciona a cualquier hora y que ya forma parte del paisaje cotidiano.

El comercio de siempre frente a la pantalla

La Gran Vía majariega ha visto pasar mercerías, estancos y panaderías que hoy solo viven en la memoria de los vecinos, como recordaba una crónica de este mismo medio sobre los comercios más antiguos de la calle. Ese comercio de proximidad compite ahora con la compra en línea, cómoda pero anónima. El pequeño establecimiento cumplía una función social que la pantalla no cubre: el tendero que preguntaba por la familia, la charla en la cola, el recado que se convertía en conversación. Cuando ese local baja la persiana, el pueblo pierde algo más que un escaparate.

Cuánta gente está de verdad conectada

La imagen de un pueblo desconectado ya no se sostiene. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares del INE, el 96,3 % de la población de 16 a 74 años usó internet en los tres últimos meses de 2025, y la Comunidad de Madrid encabeza el dato de las comunidades autónomas con un 98,0 %. Con esas cifras, dar por hecho que el vecino está en línea deja de ser una suposición. La conversación local, los rumores y las convocatorias se mueven ya a esa velocidad.

Los mayores, entre la cita presencial y la app

No todos entran en ese porcentaje en igualdad de condiciones. En el grupo de 65 a 74 años, el uso de internet en los tres últimos meses baja al 85,5 % en los hombres y al 85,4 % en las mujeres, según esa misma encuesta del INE, y muchos trámites que antes se resolvían en persona ahora exigen una cita previa por la web. En un municipio con servicios cercanos, el mayor todavía puede acercarse al centro de salud o al banco; el problema llega cuando esa puerta física se cierra y solo queda la digital. La vida social de una parte de los vecinos depende de que alguien les eche una mano con el móvil.

Las fiestas se viven y se cuentan a la vez

Las Fiestas del Santísimo Cristo de los Remedios siguen llenando las calles en septiembre, con sus peñas, sus pasacalles y su reparto de caldereta. La novedad es que casi todo se graba y se comparte al momento. El sábado 13 de septiembre de 2025, a partir de las 21:30, una exhibición de más de 360 drones iluminó el cielo de Majadahonda desde el Recinto Ferial y el Parque Adolfo Suárez, un espectáculo pensado tanto para quien lo miraba en directo como para quien lo vería luego en el móvil. La tradición no se apaga con la pantalla; se documenta, se difunde y llega a quien ese año no pudo volver al pueblo.

En un municipio como Majadahonda, la plaza y la pantalla ya conviven sin remedio. Lo que se juega ahora es que la terraza de la Gran Vía siga teniendo sillas ocupadas mientras el grupo de vecinos echa humo, y que quien no maneja el móvil no se quede fuera de la conversación del barrio. De momento, cada tarde la Gran Vía se vuelve a llenar.