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¿Por qué perder por poco nos afecta tanto? La psicología del “casi”

Un partido reñido, vais empate a uno, y en el último minuto tu delantero se queda solo delante del portero. Es la última oportunidad. Pero va al palo, y tu equipo no se clasifica. Situaciones así recuerdan a las ocasiones perdidas que pueden decidir un partido.

¿Te suena? Más: estás en un concurso de preguntas y fallas la última. Más: vas a coger un trasbordo importante en la estación de tren y se te cierran las puertas en las narices. Más: juegas a la lotería, tu número acaba en 58, y el que sale premiado es igual pero acaba en 59.

Todas estas situaciones tienen algo en común: te fastidian más por haberte quedado tan cerca. Dan muchísima rabia.

Si te meten 3 goles en la primera parte, ya ves el resto del partido relajado/resignado sabiendo que será casi imposible ganarlo. Si pifias varias preguntas tienes claro que estás haciendo un mal concurso. Si cuando llegas faltan 10 minutos para que llegue el tren, solo tienes que esperar. Y si tu número acababa en 21, pues otra lotería que no ganas, como siempre.

El resultado es exactamente el mismo: has perdido, no has conseguido lo que querías.

Pero el efecto sobre ti no tiene nada que ver. ¿Por qué reaccionamos así?¿Por qué perder por poco nos afecta tanto? La psicología del “casi”

“Casi” no es un resultado: es una comparación

En 1995, tres investigadores de Cornell publicaron un curioso artículo científico en el que estudiaban las reacciones de distintos medallistas olímpicos y su pensamiento contrafactual. Esto último, el pensamiento contrafactual, es la capacidad que tenemos para imaginar escenarios alternativos a lo que realmente haya pasado.

Un ejemplo clásico de esto es tener un accidente de coche, mayor o menor, en un cruce en el que justo te diste con otro vehículo que venía a toda velocidad. “Si hubiera salido de casa un minuto antes o un minuto después”, “Si en vez de entretenerme a mirar el Whatsapp un momento hubiera arrancado directamente…”.

Lo cierto es que cuanto más fácil nos sea imaginar esa realidad alternativa, más sentiremos que estuvimos cerquísima de conseguir otro resultado. Y esto se veía en el experimento publicado en 1995, y en las reacciones emocionales de los medallistas: en conjunto, los ganadores de una medalla de bronce parecían más felices que los ganadores de una medalla de plata. Y es que los contrafactuales de ambos no eran iguales: para la medalla de plata, un escenario mental probable es pensar “podría haber ganado el oro”, lo que lleva a insatisfacción. Para la medalla de bronce en cambio, un escenario mental mucho más probable es pensar “podría haberme quedado sin medalla”, por lo que el escenario contrafactual es peor, y la satisfacción con el resultado real disminuye.

Lo que no deja de ser aquello de ver el vaso medio lleno o medio vacío, si lo piensas.

En cualquier caso, parece que la satisfacción no depende solo del resultado objetivo, sino de los resultados alternativos más probables con los que lo podemos comparar.

Hay lecciones en el casi-acierto… a veces

El caso es que, para nuestro cerebro, un near miss, que es como se llama a este fenómeno en inglés, es una oportunidad de aprendizaje. En muchos escenarios, ese casi acierto contiene información real. Un jugador de fútbol que la lanza al palo porque hace un viento infernal, o un jugador de baloncesto que lanza un tiro libre y rebota en el aro, ambos reciben información sobre los ajustes de fuerza necesarios para su siguiente lanzamiento.

Si suspendes con un 4,9, quedaste mejor que con un 2, y aunque suspendas igual, hay lecciones ahí, hay cosas que tienes mejor controladas y aspectos que si mejoras, te podrán hacer aprobar. Con un 2 tienes otros problemas distintos, y más serios, posiblemente.

Es decir, es lógico que el cerebro preste atención al near miss porque puede tener información de valor.

El problema es que esto no es así en todos los escenarios: cuando el azar está de por medio, no hay más lección que aprender.

La mano ciega del azar

Imagina una máquina tragaperras como las que encuentras en cualquier casino online, con 3 carretes donde salen las frutitas de siempre. Para ganar necesitas 3 símbolos iguales en la línea central. Si sacas 3 símbolos distintos, has perdido, no pasa nada, vuelves a tirar. Si sacas 2 símbolos iguales pero fallas el tercero, te molesta: ¡quedaste tan cerca!

Pero da igual. Ahí no hay ninguna lección a aprender. Los resultados de los juegos de azar (sean tragaperras, ruletas o lo que sea) no tienen memoria de lo que ha salido en el resultado anterior, y por tanto da igual lo cerca o lo lejos que quede de lo tuyo: la pérdida es la misma, y el siguiente resultado seguirá siendo 100% aleatorio.

Por eso, desde los trabajos de B. F. Skinner en los años 60 del siglo pasado se cree que el efecto casi-acierto es un factor de adicción en las máquinas tragaperras. Aunque estudios recientes con muestra grande indican que en realidad ese efecto casi-acierto es bastante escaso y difícil de demostrar, y que el potencial adictivo de las tragaperras debe esconderse más en otros factores.

Ahora bien: la rabia que da haberte quedado cerca existe y es objetivamente real. Porque, independientemente de si nuestro cerebro puede o no aprender algo de la experiencia, el escenario contrafactual te lo dibujas igual. Y, caramba, ¡habría sido posible, y mucho mejor, ganar!