

–No. Estamos en un momento de reconsideración serena. La educación es algo muy distinto de la capacitación, de la información y del conocimiento. En los últimos años se ha intentado una mercantilización del proceso educativo que ahora ha llegado el momento de rechazar. Educación es ayudar a formar a gente libre y responsable. Lo dice la Constitución de la UNESCO. Dejémonos de informes PISA e informes que quieren que los niños sepan inglés. Un niño puede saber mucho inglés y ser un perfecto maleducado. Jaques Delors dijo que educación es aprender a ser. Después, aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos. Esto es educación. Dejemos que sean los maestros los que hablen. Ha habido un excelente ministro de Educación en España hace unos años: Ángel Gabilondo. Intentó alcanzar un pacto muy bueno, porque es un filósofo. Pero a última hora fue rechazada por el PP. Yo ahora soy partidario de la calma. Que dejen hablar a los que saben. Hay excelentes pedagogos en España: Álvaro Marchesi, Adela Cortina, Alejandro Tiana.

–Totalmente. Yo soy un científico y me baso en las cifras. Los números dicen que hay menos apoyo. Acepto de buen grado los centros concertados. Estoy de acuerdo en que, sin que haya nunca imposición, existan centros de creencia religiosa. Cuando hablamos de lo público nos referimos a que toda persona es igual en dignidad y tiene derecho a tener las elecciones que quiera.
¿Qué opina de la implantación de las reválidas de Primaria, ESO y Bachillerato?
–La verificación de calidad sí es necesaria. Me preocupa la calidad del profesorado que a veces realiza estas reválidas o que se conviertan en una cosa digitalizada en la que no haya la menor apreciación personal. No soy partidario del funcionariado. Tendríamos que copiar a países que saben muy bien cómo se regula y asegura la calidad permanente del profesorado, sobre todo para la educación superior. Sí soy partidario de estos controles, que deben ser ejercidos por personas preparadas. Pero ojo con querer hacer, sobre todo, unos controles basados en los conocimientos de lenguas o de determinadas cuestiones memorísticas, que no tienen nada que ver con una formación educativa razonable.

–Depende del contexto familiar. Para algunas familias, los deberes colocan a los progenitores en una situación muy difícil. Cuando yo fui rector de la Universidad de Granada, los alumnos eran los hijos de andaluces ricos o los granadinos. Los demás, no podían. Y no estoy hablando de hace 200 años, que yo no tengo tantos. La mayor parte de la gente del medio rural era gente analfabeta. La mayor parte de las cosas han de procurar resolverse en el ámbito escolar. Creo que en ocasiones se ha abusado de los deberes en casa. Deben ser más una motivación que una imposición.




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