«Hace más de 40 años que comencé con las clases. Recuerdo que, cuando empezó, no éramos casi gente. Y mira ahora. Hay clases de distintos tipos de danza de lunes a viernes con lista de espera de más de 100 personas para algunas actividades», recuerda Ana en una de las salas del centro de mayores de Majadahonda al periodista J. Soler de «El Español».

MARIANA BENITO. (Majadahonda, 4 de febrero de 2026). A la bailaora Ana Mary Gilarranz García (Majadahonda) le ha llegado una segunda juventud con la fama que ha adquirido a los 92 años de edad. Toca las castañuelas y baila y aunque en su niñez y juventud ya fue famosa en Madrid por sus actuaciones, entre ellas en el Teatro María Guerrero, cortó su carrera artística cuando se casó, tuvo 3 hijos, disfrutó de su matrimonio pero sufrió los últimos años de pareja cuidando a su marido con Alzheimer, enfermedad que padeció durante 13 años. Fue entonces cuando regresó a la música y entre los meses de diciembre (2025) y enero (2026) ha protagonizado ya 3 entrevistas interesándose por su labor en el Centro de Mayores de Majadahonda.

Mariana Benito

SUS PALABRAS HAN RESULTADO ATRONADORAS: «Hace más de 40 años que comencé con las clases. Recuerdo que, cuando empezó, no éramos casi gente. Y mira ahora. Hay clases de distintos tipos de danza de lunes a viernes con lista de espera de más de 100 personas para algunas actividades», recuerda Ana en una de las salas del centro de mayores de Majadahonda al periodista J. Soler de «El Español». ANA MARY ALUDE AL MALESTAR QUE VIVEN LOS MAYORES AL ESTAR SATURADOS EN EL CENTRO MUNICIPAL, lo que ha provocado la recolecta de 104 firmas protestando por el retraso en reformar la nueva sede, lo cual ha provocado además un debate en el pleno del Ayuntamiento con una moción de «Vecinos por Majadahonda» que apoyaron todos los grupos municipales (Vox, PSOE, Más Madrid-IU) pero que el PP se negó a respaldar darle prioridad a las obras. Estas han sido las últimas declaraciones publicadas este 3 de febrero (2026), pero antes la entrevistaron Marina Cartagena en el diario «La Razón«, con unas significativas fotos de David Jar y los reporteros de Telemadrid, que fueron hasta su casa en un encuentro que recogió la periodista Eva S. Cuesta. Estas fueron sus palabras y su biografía.

«El secreto de Ana Gilarranz para llegar a los 92 años siendo la profesora de baile de la ciudad más longeva de España Esta vecina de Majadahonda introdujo las clases de danza en el centro de mayores que ahora tienen más de 100 personas en lista de espera» (El Español)

EL ESPAÑOL (J. Soler). El secreto de Ana Gilarranz para llegar a los 92 años siendo la profesora de baile de la ciudad más longeva de España Esta vecina de Majadahonda introdujo las clases de danza en el centro de mayores que ahora tienen más de 100 personas en lista de espera. Algo debe tener el aire o el agua de Majadahonda. El municipio madrileño volvió a liderar el pasado mes de diciembre el ranking de la localidad española con mayor esperanza de vida, con una edad media de 87,08 años, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Por sexos, los hombres majariegos viven de media 85,61 años y las mujeres 88,23 años. El incremento de la esperanza de vida es especialmente significativo entre los hombres con 1,04 años más que en 2022. En ese mismo periodo, las mujeres majariegas han aumentado su esperanza de vida en 0,35 años. Algo debe tener el aire o el agua de Majadahonda. El municipio madrileño volvió a liderar el pasado mes de diciembre el ranking de la localidad española con mayor esperanza de vida, con una edad media de 87,08 años, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Hace que «todos los mayores del centro se muevan y no se queden en sus casas sentados en el sofá».

ANA, UNA VECINA DE MAJADAHONDA DE 92 AÑOS, da buena cuenta de estos datos. Y además de tener mucha agilidad y energía a su edad, puede presumir de algo: ella fue la que hace más de 40 años introdujo la danza en el centro de mayores del municipio. Una actividad que, como ella misma dice, proporciona «energía y bienestar» y además, hace que «todos los mayores del centro se muevan y no se queden en sus casas sentados en el sofá». Así, esta vecina de la localidad más longeva de España, madre de tres hijos, abuela de varios nietos y bisabuela de un bebé de 6 meses, cuenta a Madrid Total su historia y cómo se ha hecho casi famosa en su municipio. Esta mujer nonagenaria cuenta que su vida siempre ha estado vinculada «con la danza y la música»: «Actuaba de pequeña por los pueblos de Madrid, pero por desgracia, a los 13 años, lo tuve que dejar».

De este modo, los lunes, Ana daba «clases de flamenco», los martes, aún hoy, ella se encarga de «los bailes de salón» y de tocar «las castañuelas». «Los miércoles me encargo de la percusión en el grupo de Rondalla, antes, los jueves iba a la clase de bailes argentinos y los viernes a baile en línea», explica. Pero todo esto no es lo único que hace Ana. También va a las residencias de mayores para bailar y organizar actividades.

ELLA SIEMPRE TUVO LA MÚSICA, LA DANZA Y LA INTERPRETACIÓN EN LA CABEZA. «Siempre que podía, cuando era más joven, iba a conciertos y tenía la música dentro de mí. Por eso, cuando me vine a vivir a Majadahonda hace más de 40 años, todo eso, que seguía en mi interior, salió para poderlo compartir con los demás vecinos». De este modo, los lunes, Ana daba «clases de flamenco», los martes, aún hoy, ella se encarga de «los bailes de salón» y de tocar «las castañuelas». «Los miércoles me encargo de la percusión en el grupo de Rondalla, antes, los jueves iba a la clase de bailes argentinos y los viernes a baile en línea», explica. Pero todo esto no es lo único que hace Ana. También va a las residencias de mayores para bailar y organizar actividades. «Para mí, es un sentimiento precioso poder dar alegría a los residentes de las residencias, que desde hace años ya me esperan», relata. Cuenta que muchas personas mayores que la ven bailar, con toda la energía que desprende, le dicen el mayor halago: «Ana, esa energía, esa alegría y ese frescor que traes, nosotros los necesitamos mucho». Y aquí viene una pregunta clave: ¿Cómo se consigue ese frescor y esa energía que tiene Ana a los 92 años? «Yo vivo todo lo que hago. Y la danza más. Ahora, con los años, ya no tengo tanta agilidad como antes, pero me sigue encantando».

«Ana cuenta que ella trata de «ayudar», de fomentar «el compañerismo» entre los vecinos de Majadahonda»

«HAY QUE SENTIRLO. POR EJEMPLO, PARA BAILAR UNA SEVILLANA, TIENE QUE SENTIR, SI NO, NO VA A SALIR BIEN. Creo que la pasión interior que yo he sentido con esto la he conseguido transmitir a mis vecinos que vienen al centro de mayores», cuenta Ana. De este modo, Ana cuenta que ella trata de «ayudar», de fomentar «el compañerismo» entre los vecinos de Majadahonda y de Madrid. Entonces Ana, ¿Cuál es el secreto para pasar la barrera de los 90 años y estar en tan buena forma? – Que cada persona busque lo que le gusta. Y, si es posible, que salgan de casa, que se mantengan activos. Ese es uno de los principales motivos por los que los vecinos de Majadahonda tenemos una esperanza de vida más alta. Te recuerdo que hay más de 100 personas esperando para entrar en las clases del baile del centro de mayores.

«Ana, la de las castañuelas«: la voz y el ritmo de Majadahonda Soprano, bailarina y referente para el Club de Mayores de Majadahonda © David Jar Photographers

LA RAZÓN (Marina Cartagena/ David Jar Fotógrafos). Majadahonda se ha situado recientemente en el centro del mapa demográfico nacional al convertirse en la localidad con la población más longeva de España. Según los últimos datos, su esperanza de vida supera los 87 años, pero más allá de los porcentajes y las estadísticas, la longevidad en este municipio del noroeste madrileño se explica mejor a través de historias concretas. Una de ellas tiene nombre propio: Ana Gilarranz, de 92 años, soprano, bailarina y alma incansable del Club de Mayores de Majadahonda. “Más de 40 años viviendo aquí”, resume Ana con una memoria precisa y una energía que sorprende desde el primer minuto. Ha visto cómo Majadahonda pasaba de ser, en sus palabras, “un barrizal”, a convertirse en “una maravilla de pueblo”. Y Ana ha sido parte activa de esa transformación social y cultural que hoy convierte al municipio en un referente de envejecimiento activo. Su vida siempre ha estado ligada a la música. “De pequeña hacía claqué y estudié solfeo, y siempre saqué sobresaliente”, recuerda con orgullo. Aquella formación temprana fue el germen de una trayectoria que décadas después la llevaría a formar parte de la coral dirigida por Vicente Lafuente, uno de los primeros directores musicales de Majadahonda. “Yo canto, soy soprano. Empecé con Vicente hace más de 30 años”, explica. Desde entonces, no ha dejado de participar en agrupaciones musicales, sumando también la percusión tradicional: “Hago toda la percusión de castañuelas y pandereta”.

Ana tocando las castañuelas en el Club de Mayores de la Casa de Cultura Carmen Conde. © David Jar Fotógrafos

EN EL CLUB DE MAYORES TODOS LA CONOCEN COMO “ANA, LA DE LAS CASTAÑUELAS”. Sus manos, afectadas por la artrosis, no le impiden seguir tocando. “Las tengo fatal, pero sigo”, dice. Forma parte de la Rondalla, un conjunto de más de 37 músicos e instrumentos que ensaya con regularidad y actúa tanto en el municipio como en residencias de mayores. “Vamos a hacerles compañía con la música”, explica, convencida de que el acompañamiento emocional es tan importante como cualquier cuidado físico. Pero si hay algo de lo que Ana se siente especialmente orgullosa es de haber introducido el baile en el Club de Mayores. “Yo traje el baile, porque no había nada”, afirma sin falsa modestia. Impulsó actividades que iban desde el flamenco al baile de salón, el tango e incluso el baile argentino. “Me apunto a todo”, confiesa entre risas. Hoy, aquel impulso inicial se ha convertido en un fenómeno colectivo: “Ahora hay más de 100 personas esperando para bailar. Para mí eso es una satisfacción muy grande”.

“Es muy importante no quedarse en casa y moverse”. Lo dice alguien que, a sus 92 años, sigue ensayando, bailando y visitando residencias para acompañar a otros mayores.

SU DISCURSO ENCAJA A LA PERFECCIÓN CON LAS CLAVES QUE EXPLICAN LA LONGEVIDAD DE MAJADAHONDA: vida social activa, participación comunitaria y una amplia oferta de actividades. “El club que tenemos es el mejor de España”, afirma. “Hay una variedad de personas increíble y una implicación enorme”. Ana acude a ensayos varios días a la semana y destaca el ambiente: “Es fabuloso. Me encanta ir”. La música, además, ha sido para ella un refugio en los momentos más difíciles. Cuando su marido enfermó de alzhéimer, encontró en el canto y en el ritmo una forma de sostenerse emocionalmente. “La música me ayuda mucho”, confiesa. Ese apoyo, sumado a la rutina y al vínculo con otras personas, le permitió seguir adelante sin aislarse ni perder el contacto con la vida social. Ana lanza un mensaje claro, casi como un consejo de vida para todos: “Es muy importante no quedarse en casa y moverse”. Lo dice alguien que, a sus 92 años, sigue ensayando, bailando y visitando residencias para acompañar a otros mayores. “Me alegro mucho de que haya personas tan majas y de que la gente quiera venir a bailar”, añade. Así, Ana Gilarranz insiste en que la longevidad, más allá de la genética o el entorno, también se construye a base de música, comunidad y ganas de seguir participando en la vida. Donde ella, la de las castañuelas, es toda una maestra.

Toca las castañuelas y baila y aunque en su niñez y juventud ya fue famosa en Madrid por sus actuaciones, entre ellas en el Teatro María Guerrero

TELEMADRID (Eva S. Cuesta). Majadahonda: Ana, una ‘guerrera’ de 92 años, vuelve a bailar y se convierte en un símbolo de vitalidad en Majadahonda. Tras la muerte de su marido, recupera su pasión por la danza y las castañuelas. Con una vida marcada por la renuncia y la pérdida, Ana ha encontrado en la danza su eterna fuente de vitalidad, convirtiéndose en un símbolo de alegría y resistencia para más de 2.500 mayores de Majadahonda. «Tengo 92, nací en el 33. Estoy hecha una pena, pero de todas formas lo que yo tengo, por eso soy tan conocida, es que hace 30 años metí aquí el baile en el Club de Mayores». Con esta mezcla de humildad y orgullo se presenta Ana, una mujer cuya energía desmiente su edad. Su historia no es solo la de una afición tardía, sino la de una pasión truncada que, tras décadas de silencio, ha vuelto a florecer con más fuerza que nunca. Su infancia fue fascinante. Ana fue bailarina y estudiante de conservatorio, dedicándose profesionalmente a la danza hasta los 13 años.

Fue precisamente tras el fallecimiento de su esposo cuando el vacío y la necesidad de seguir adelante la llevaron a reencontrarse con su antigua identidad. «Yo me metí en el baile porque si no, no podía vivir”, confiesa.

«CORTÉ TODO, MI VIDA FUE COMPLETAMENTE DISTINTA, CAMBIA 180 GRADOS», recuerda mientras muestra antiguos programas y fotografías que atestiguan su talento. El baile quedó atrás, dando paso a una vida centrada en su familia: un matrimonio, tres hijos y once años cuidando a su marido, afectado por el alzhéimer. Fue precisamente tras el fallecimiento de su esposo cuando el vacío y la necesidad de seguir adelante la llevaron a reencontrarse con su antigua identidad. «Yo me metí en el baile porque si no, no podía vivir”, confiesa. Así, hace tres décadas, introdujo la danza en el centro de mayores de Majadahonda, una iniciativa que hoy disfrutan más de 2.500 personas y que la ha coronado como la indiscutible reina del baile del lugar. «Yo toco las castañuelas», explica con una chispa en los ojos. Pero su mayor satisfacción no está en los aplausos, sino en el efecto contagioso de su alegría. «La que tengo ahora y me sigue dando mucho ánimo y mucha vida es cuando vas a una residencia y gente mucho más joven que tú te dice: Ana, ese frescor que tú nos traes lo necesitamos mucho. Yo es que salgo emocionada». Ana, la guerrera nonagenaria, ha transformado su propia resiliencia en un legado de júbilo colectivo. Su historia es un poderoso recordatorio de que las pasiones nunca mueren, solo esperan el momento adecuado para volver a bailar.

 

 

 

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