
VICENTE ARAGUAS. (27 de julio de 2025). El porqué de los tranvías. Tuve una infancia feliz –¡ay de los que le amarguen la vida a un niño!– y, definitivamente, tranviaria. Aquel tranvía, el número dos, que llevaba del Muelle de Ferrol (el Mar en Ferrol siempre en mayúscula) a Neda. El número 2, heredado por el autobús que, desde 1962, hace idéntico recorrido. Ya no es lo mismo, claro. Lo curioso es que en hora punta viene a tardar lo mismo.Y se llevó por delante la calma, el fluir silencioso, salvo la tos quejumbrosa del hierro al subir la cuesta de Xuvia, la elegancia cuadrada de aquellos tranvías y, sobre todo, la dulzura de sus campanillas al enfrentarse a cualquier obstáculo o, simplemente, anunciando paradas. ¡Ah los tranvías! Con aquel de Ferrol-Neda se llevaron mi infancia. Luego, ya se sabe, a sobrevivir. “Cuando se es niño se vive, después se sobrevive”. Lo dijo el poeta Leopoldo María Panero y apuntaba con pericia. Y en esa larguísima supervivencia he visto cómo los tranvías españoles derivaban hacia la desaparición.









