
DAVID FELIPE ARRANZ. *Filólogo y periodista. Los monarcas evangélicos obsequiaron con unos negruzcos pedruscos al PP bajo la especie del tercer juicio del caso Gürtel, la red societaria de varias empresas creada a través de donaciones a cambio de contrataciones públicas. La financiación bastarda se hizo costumbre en la era de don Mariano Rajoy y el reparto de dividendos espurios circuló por los altos despachos con plenitud de azules y gaviotas, como si lo que pasaba en Boadilla del Monte fuese cosa de otra dimensión, tal y como ha sucedido con la trama de Época I y la caja B. Los 17 acusados que se sientan en el banquillo a cantar la Traviata cara a enero hacen ya muy difícil la providencial “desmemoria” de sus dirigentes: los jueces de la Audiencia Nacional buscan una macrosala porque ya no caben en un salón al uso. Si Rajoy era partidario de la disolución de las cosas en el tiempo, Casado no tiene tiempo para hablar de las cosas que cree disueltas, que lo persiguen pertinaces a caballo de aquellos años gloriosos de la rapiña, pues nadie le había enseñado al palentino a lidiar con las causas de sus valedores, confiados todos como estaban de que se iban a ir diluyendo en el tiempo y en el espacio, como la propia sede de Génova, que apunta ya a caserón de las sombras ante un inminente traslado de los populares al Paseo de la Castellana 39.









