
ALFREDO RELAÑO. Marcelo ha comprado un segunda portugués, el Mafra, metido en cuartos de la Copa (allí ‘la Taça’) y con posibilidades de subir. Hace cuatro años ya había fundado en Brasil el Azuriz Futebol Clube, ascendido ya a la Primera Paranaense. Su intención es crear un pequeño holding futbolístico; formar jugadores en el Azuriz y presentarlos en Europa en el Mafra. Viene a sumarse así a los casos ya conocidos de Ronaldo con el Cruzeiro y el Valladolid, o de Piqué, propietario del Andorra. Buffon compró el Carrarese, Beckham el Miami y el Salford inglés, con los Nevillle y Scholes. En Portugal tenemos a Belenguer con el Tondela. Abundan los casos. En España, a otro nivel, el Rayo Majadahonda, propiedad de Arribas, el Intercity de Alicante, en el que entró Juanfran… La pregunta es por qué se meten los futbolistas en este negocio, que suele ser complicado. La respuesta en muchos casos es que ponen la cara para fondos de inversión que les contratan para que su nombre les abra puertas. Otros sí meten su propio dinero, en un deseo ‘peterpanesco’ de devolver algo al fútbol, pensando que lo pueden hacer mejor que directivos a los que sufrieron. No siempre es así. Buffon salió del Carrarese con los pies fríos y la cabeza caliente. Beckham va desinvirtiendo en Miami.









