
IGNACIO DEL RIO. (16 de octubre de 2024). Hace unos 40 años, durante mis vacaciones en la Costa Brava, descubrí en Cadaqués un restaurante de pescado que merecía mucho la pena no solo por sus excelentes preparaciones sino por el magnífico ambiente que se respiraba y al que asiduamente acudí durante decenas de años de manera sistemática cada verano. La especialidad de la casa era la Lubina al Hinojo. Excelente plato cuya degustación compensaba con creces los más de 100 km de difícil carretera que tenía que hacer para llegar a Cadaqués. Pero lo más interesante de este restaurante no era su carta gastronómica sino la posibilidad de estar comiendo en un salón rodeado por cuadros de Dalí. Al principio me llamó la atención y pensé que se podía tratar de copias, ya que estábamos en un pueblo monopolizado por este genial pintor y embebido en su obra, pero gracias a la confianza con los propietarios pude saber que se trataba de originales. Las malas lenguas del lugar decían que el genio catalán frecuentaba este lugar y no siempre pagaba, lo que significaba que cada cierto tiempo, cuando su cuenta alcanzaba un valor importante, se presentaba en el local con algún cuadro… y así durante años. O por lo menos es lo que se decía en los mentideros de Cadaqués. Por desgracia para los clientes y probablemente por suerte para los propietarios, este restaurante lleva años cerrado y sin posibilidad alguna de contemplar su colección de joyas dalinianas.









