
LIDIA GARCIA. No es Siria ni Libia, zonas acosadas y acuciadas por la guerra con campamentos de refugiados que precisan ayuda humanitaria, sino Majadahonda, en Madrid (España). Y el reciente incendio de un poblado chabolista que enganchaba la luz con grave riesgo ha puesto el foco sobre otros en Córdoba, Barcelona o Valencia. «La pandemia mundial causada por el SARS-CoV-2 afecta a toda la población, pero hay un sector que se ha quedado tan aislando que está ya lanzando un SOS social para solventar su situación. Son los habitantes de los asentamientos rumanos». La Asociación para la Inserción Social de Gitanos Rumanos (Acisgru) afirma que «sus problemas son acuciantes, especialmente de agua y comida, y más ahora que, como todo el mundo, deben permanecer confinados en sus infraviviendas y, por tanto, no pueden salir a recoger chatarra en sus carritos, por lo que sus medios de sustento están bajo mínimos. La gestión de los recursos municipales es muy lenta y a día de hoy no les llega ayuda en absoluto. El problema es el agua y la comida. «No pueden recoger chatarra y, por tanto, carecen de recursos y nos han indicado que están pasando muchos agobios». Quizá haya todavía ciudadanos de primera y de segunda o tercera. Y estas familias, por otra parte, no están consideradas como sin techo, «porque tienen uno, aunque sea de uralita».









