
JUANMA CUETO. Hablar de ídolos del deporte, y el fútbol en particular, es hablar de estrellas como Messi, Cristiano, Neymar o Mbappé. Jugadores con etiqueta de cracks que mueven contratos millonarios y arrasan en cuestiones de marketing o redes sociales. Sin embargo, en el fútbol existen otros ídolos capaces de transmitir unos valores fuera de lo común. Personas que traspasan la faceta futbolística. Un espejo donde mirarse para aprender y tomar nota de lo realmente importante de la vida. Néstor Susaeta juega en el Rayo Majadahonda, en Segunda División B. No es un icono mundial ni un referente para los niños y niñas cuando intercambian cromos en el colegio. Para mí es mucho más. Alguien muy especial. Un ejemplo de cómo superar todos los obstáculos de la vida con una sonrisa permanente. Uno de sus mellizos, Andrea, enfermó a los once meses por una encefalitis herpética en el cerebro. A partir de ahí, un calvario: casi seis meses en la UVI, dos en coma, epilepsia y secuelas terribles como la pérdida de la vista o dependencia cien por cien para comer y beber. Es, como él mismo dice, un “bebé de siete años”. Son chavales que cuando están despiertos lloran muchísimo y necesitan constantemente medicación o terapias. Su mujer es su compañera inseparable en este camino lleno de piedras. Nada de quejas. El mensaje es claro. Hay que transformar la desgracia en optimismo. El dolor en alegría para que el pequeño Andrea viva lo más feliz posible.









