
VICENTE ARAGUAS. (Julio de 2024). Con la misma alegría que producen los sueños utópìcos, esto no es un pleonasmo sino oxímoros cuando devienen pesadillas, emprendemos, dicentes y discentes, la segunda etapa de un Camino Inglés (que en puridad debiera empezar en Durham, Norte de Inglaterra, tan lejos de nosotros como Conan Doyle de Pérez-Reverte). Una etapa breve, un poco menos, cierto, que la que une Ferrol con Neda, que nos lleva, por su escasa dificultad, casi en volandas. De Neda a Fene, a un lado la Ría de Ferrol, y los que fueran los Astilleros de Astano, invención de un idealista llamado Don José María González-Aller, al que la fuerza de la razón liberal (igual de generosa siguiendo a Cervantes) obligó a mantener su estatua en el Esteiro de Ferrol, apuntando a Fene. Pero el Camino en este caso cruza Fene, superada la carretera nacional, por sus interiores rurales y, por lo tanto, de una belleza sosegada. Lástima que nuestra ruta no suba a la Capilla de Santa Ana, bien que en algún caso yo haya hecho caso omiso de la disciplina caminera regulada: vale la pena.









