

Audiencia MJD 2026
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J. FEDERICO MTNEZ. «Los árbitros me han expulsado justa e injustamente, unas veces te benefician, otras te favorecen. Y alguna tarjeta me han quitado también. Recuerdo una en especial marcando a Soldado contra el Valencia. Él, muy hábilmente se frenó, lo arrollé y me sacaron roja directa. El Comité de Apelación me quitó la tarjeta, a la semana siguiente jugamos contra el Getafe, metí un gol y nos salvamos. Ahora con el VAR es otra historia. Me dan igual los arbitrajes, que sean permisivos tipo Mateu Lahoz o más estrictos como Undiano Mallenco. Cada vez, de hecho, se parecen todos más. Y es difícil ser árbitro porque dirigen a 22 profesionales que te intentan engañar si hace falta con tal de ganar el partido. Y es muy complicado moderar el juego en directo, saber si están simulando o no… Es difícil». En esta tercera entrega de la entrevista con el futbolista Alejandro Arribas, emblema del fútbol en Majadahonda y el deportista que ha cumplido el ciclo completo de la cantera en La Oliva (de alevín a juvenil) y ha llegado más alto, repasa su trayectoria desde distintos ángulos: arbitrajes, presidentes, utilleros, posiciones…


FERNANDO BRUQUETAS DE CASTRO. En aquella primera estancia en Madrid, cuando Federico Utrera me encargó en serio escribir el libro del «Outing«, a raíz de la conversación mantenida en la plaza de Santa Ana con Manuel González y Juan Fernando López Aguilar, apenas pude conseguir documentación para este trabajo, porque ya tenía el billete cerrado y estaba obligado a volver a Las Palmas. No obstante, en seguida comencé a hacer pesquisas: en primer lugar, había que visitar una librería que llevaba varios años especializada en literatura gay y lésbica en el mismo centro de la capital, pero que, por esa misma circunstancia, se mantenía con un halo de semiclandestinidad en el depauperado barrio de Chueca.





CRESCENCIO BUSTILLO. Volviendo a mis 15 años, continué en mi casa trabajando y perfeccionándome cada vez más en el oficio; dejando a un lado la aventura aquella de los lupanares. Es una edad que le dicen del «pavo», por lo que yo no iba a ser una excepción. Si te arrimabas a los hombres, no dejabas de ser un chaval, si lo hacía con los más pequeños, me daba vergüenza de que me llamaran «grandullón». Y con las chicas formales del pueblo de Majadahonda me daba un poco de vergüenza, por lo que me encontraba «corto» para alternar plenamente con ellas. Por otra parte yo no quería perder la libertad, y menos a dicha edad que empezaba a pensar e ilusionarme por la vida. Por esta razón, hasta que no hice el servicio militar poco bailé, ni alterné con las chicas de mi edad del pueblo, aunque no faltaban proposiciones de unos u otros sobre tal o cual chavala que me pudiera interesar, pero me mostraba indiferente a estas propuestas para no herir susceptibilidades. Y así fui capeando el temporal, evitando los compromisos que me salían al camino…