
FERNANDO BRUQUETAS. A petición de Manuel González, decidimos entrar en la taberna del Príncipe, que era el lugar predilecto para los encuentros con Juan Fernando el político. Aquí nos cambiamos al vino tinto y la sempiterna cocacola. Desde allí nos movimos a otro garito fino detrás del Teatro Español, donde podíamos tapear a gusto y mantuvimos una conversación distendida que acabó con la noche y el cierre de las puertas. El tiempo pasó volando y sorprendidos por los trabajadores de la limpieza pública retornamos a casa. Yo estaba de invitado en casa de Federico, por el trayecto en su coche le rogué que me contara el motivo de su interés por el mundo homosexual en aquel momento. Ni que decir tiene que Utrera –que yo sepa– jamás ha tenido veleidades de ese tipo, hasta que me conoció a mí.









