
CRESCENCIO BUSTILLO. El otro maestro que le sustituyó, se llamaba Don Benito López Asenjo, un hombre ya mayor, de estatura pequeña, con bigotes retorcidos a lo «Dalí«, que después de unos años también se jubiló. Tenía una mujer alta y delgada que se mofaba de él en muchos momentos por la pareja tan desigual que hacían. Tenían en su haber 6 hijos ya mayores, mitad varones y mitad hembras, que en general salieron listísimos, quizás por el hambre que les tocó pasar, hasta que se hicieron mayores y se ganaron de por sí la vida. La mujer de este Maestro se llamaba Dña. Juana Sardina del Río, por lo que vulgarmente se la llamaba «la tía Sardina«. Esta «tía Sardina«, era muy glotona, cuando cobraba su marido la paga, en los primeros días del mes, se gastaba todo el sueldo en golosinas y chucherías. Después, el resto del mes mangaba a quien pudiera que fuese para salir adelante, por eso era célebre en el pueblo, por los «sablazos» que pegaba…









