«Empezó entonces para Menoyo otra batalla. Se fue a Miami, se casó de nuevo, tuvo tres hijos y en 1993 fundó allí el grupo «Cambio Cubano«. Esta organización de la Oposición cubana refresca estos días en las redes sociales la entrevista que el periodista Mauricio Vicent le hiciera al disidente cubano Gutiérrez Menoyo, que menciona su relación con Majadahonda: “Yo no tengo derecho a inculcarles odio a mis hijos por lo que yo sufrí”, me dijo en aquella primera entrevista. “Por el bien de Cuba es necesario el diálogo entre el exilio y el régimen para alcanzar la reconciliación”. Por aquella actitud Menoyo fue despreciado por el exilio duro y tildado de “dialoguero” por la Fundación Nacional Cubano-Americana. En 1995, viajó a Cuba y se entrevistó con Castro: “Si yo me hubiera dejado llevar por el revanchismo le habría reprochado que él me jodió la vida, y él probablemente me habría respondido justificando el pasado. Pero no. ‘No vamos a hablar del pasado, no tiene sentido; hablemos del futuro’, le dije”. A partir de entonces, el excomandante empezó a reclamar al Gobierno un espacio legal para hacer oposición dentro de la isla. Nunca le respondieron y, en vista de ello, durante un viaje con su familia, ya prácticamente ciego, rompió el pasaporte y dijo que no regresaba más a Miami. “Me quedo en mi país, que es mi derecho”, planteó. Muchos emigrados harían lo mismo después.

Y es entonces cuando sale a colación Majadahonda: «A Menoyo lo apodaban en Cuba el Gallego por su origen español. Lo entrevisté muchas veces, la primera en 1993, en Miami, y entonces me contó de forma muy gráfica el porqué de su pasión por Cuba. “Mi hermano José Antonio murió en el frente de Majadahonda combatiendo contra Franco. A mi padre, que era médico, lo inhabilitaron tras la guerra por haber sido del ejército republicano. Recuerdo mi infancia en la Barceloneta con el miedo instalado en la familia; al ir al colegio, mi madre siempre nos decía: cuidado, no habléis; no digáis nunca cómo murió vuestro hermano y que vuestro padre era republicano”. Carlos, el hermano mayor, marchó al exilio en Francia y combatió contra las tropas nazis. Acabada la guerra, emigró a Cuba y arrastró con él a toda la familia. “En Cuba conocí realmente la libertad: había injusticias y corrupción, claro; pero yo entonces era un niño y no me daba cuenta de esas cosas, solo veía que mi madre por primera vez no tenía miedo a hablar”, concluye.








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