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«Caminar por Majadahonda, un deporte de riesgo»: «los vecinos merecemos calles donde caminar vuelva a ser un placer seguro para todos»

«Caminar por Majadahonda, un deporte de riesgo»: «los vecinos merecemos calles donde caminar vuelva a ser un placer seguro para todos»
Imágenes de una mujer atropellada en un paso de cebra en Majadahonda (Carretera de Pozuelo)

CARMEN SAN NARCISO. (Majadahonda, 5 de octubre de 2026). Caminar por Majadahonda, un deporte de riesgo. Pasos de cebra que no se respetan, coches que no frenan y calles convertidas en pistas. Hoy, en nuestro municipio de Majadahonda, por mucha atención que pongas al caminar, no siempre es suficiente para evitar un susto. Caminar es uno de los ejercicios más sanos, sencillos y accesibles que existen. No necesita equipación ni gimnasio: basta con unas zapatillas cómodas y ganas de moverse. Para muchos vecinos, entre los que me incluyo, la caminata diaria es nuestro deporte favorito. Sin embargo, quienes recorremos Majadahonda a pie llevamos tiempo comprobando una realidad inquietante. Caminar se ha convertido en un deporte de riesgo en Majadahonda. Y no por las cuestas ni por el calor, sino por el comportamiento de una parte de los conductores. Hace apenas un mes fui testigo de una escena que todavía me indigna. Un señor mayor cruzaba tranquilamente por un paso de cebra cuando, a mitad de camino, un coche le golpeó en un costado. Lejos de detenerse para comprobar cómo se encontraba, el conductor siguió su marcha y desapareció. Por fortuna, el vehículo no circulaba muy deprisa y aquel hombre pudo levantarse del susto. Pero cuesta no pensar en lo que habría ocurrido si hubiera ido más rápido. No es un caso aislado. Hoy mismo, al empezar a cruzar un paso de cebra, un coche ha pasado a toda velocidad sin hacer el menor intento de frenar. Cuando le he hecho un gesto con los brazos para preguntarle por qué no se detenía, la respuesta ha sido una ráfaga de bocinazos. Como si el peatón fuera el que sobra en la calle. Basta hablar con otros vecinos para escuchar historias muy parecidas. El peligro más traicionero se da en las calles de un solo sentido con dos carriles. Un coche se detiene para cederte el paso y tú empiezas a cruzar. Pero ese coche parado te tapa la vista, y también le tapa al conductor que viene por el carril de al lado. Si ese segundo conductor no te ha visto, no frena, y el atropello puede ser grave o incluso mortal. El resultado es absurdo: el peatón, que tiene preferencia, debe detenerse a mitad del paso de cebra y asomarse con cautela antes de terminar de cruzar.

Imágenes de una mujer atropellada en un paso de cebra en Majadahonda (Carretera de Pozuelo)

«PIDO A NUESTRAS AUTORIDADES MÁS VIGILANCIA Y MÁS MEDIDAS PARA CALMAR EL TRÁFICO». A lo largo de mis paseos por Majadahonda he observado que muchos conductores no respetan las señales. Salen de una bocacalle y se incorporan a otra vía sin mirar. Además, se circula muy por encima de la velocidad que corresponde a las calles de un municipio residencial como el nuestro, donde a cualquier hora hay niños, mayores y vecinos paseando. Ni siquiera los badenes y pasos elevados, instalados precisamente para reducir la marcha, parecen servir de mucho. Rotondas, pasos de cebra, señales de ceda el paso: para demasiados, todo parece opcional. No se trata de demonizar a los conductores. La mayoría conduce con prudencia, y casi todos somos también peatones en algún momento del día. Pero basta un despiste o unos segundos de prisa para cambiar una vida para siempre. Pido a quienes se ponen al volante que levanten el pie del acelerador, que miren antes de incorporarse y que respeten cada paso de cebra. Y pido a nuestras autoridades más vigilancia y más medidas para calmar el tráfico. Caminar es salud. Fortalece el corazón, mantiene ágiles a nuestros mayores, despeja la mente de los jóvenes y nos ayuda a todos a sentirnos mejor y a convivir con nuestro entorno. Es un regalo al alcance de cualquiera, a cualquier edad. Por eso no podemos permitir que el miedo a un atropello nos lo arrebate. Majadahonda merece calles donde caminar vuelva a ser lo que siempre debió ser: un placer seguro para todos.