El Labrandero de Avenida de España, en 2008.

LUIS GIMENO (Majadahonda, 25 de junio de 2026). En una tarde calurosa del tardío junio que ya vamos teniendo, se me ocurre por la más pura casualidad entrar a comprar en la frutería Labrandero del Carralero, justo enfrente del gigantesco e imponente Centro Oeste. Al llegar observo con enorme sorpresa, que enseguida da lugar a tristeza y melancolía, que el próximo martes día 30 Labrandero cerrará definitivamente sus puertas, para siempre, abandonando la actividad comercial después de más de 70 años en Majadahonda. Labrandero empezó como un pequeño almacén de frutas, vinos, bebidas alcohólicas y otros productos en el centro de Majadahonda en el año 1955, creado por Pedro Labrandero —tristemente fallecido hace 3 años— y su esposa María Ángeles en la calle hoy llamada Doctor Calero —entonces calle de Madrid—, justo enfrente de los populares cines Carlos III. En poco tiempo se convirtió en un negocio exitoso en una Majadahonda que, primero poco a poco y después de forma vertiginosa, no paraba de crecer. Así de esta manera, en el año 1990 se trasladó al enorme local donde muchos de los majariegos de hoy, especialmente los más jóvenes como yo, lo ubicamos en nuestra cabeza: en la avenida de España, mirando de tú a tú a los ojos a la por muchos años abandonada nave industrial de compuestos electrónicos “Nortron”, que pese a que había desaparecido en 1985 su esqueleto abandonado se quedó décadas atrapado en el tiempo, impasible al crecimiento que Majadahonda, y el mismo negocio de la frutería vecina, vivían.

Luis Gimeno se estrena como columnista: «Me hace ilusión que este artículo sea publicado en MJD Magazin».

“LABRANDERO E HIJOS S.A.”, CON SU MÍTICO LOGOTIPO QUE EN TANTAS BOLSAS DE LA COMPRA APARECÍA, y que circuló por todo Majadahonda en camiones durante tantos años, esa L y H entroncadas dentro de una pera y una manzana, ha sido un negocio emblemático en un pueblo que no ha podido permitirse el lujo de tener empresas señeras que resistan bien el tiempo. Labrandero lo ha sido hasta ahora, durante muchas décadas. Yo particularmente, que por edad no puedo tener tantos recuerdos como otros majariegos más mayores que yo, que incluso los habrá que vieron nacer esta empresa, sí tengo muchísimos recuerdos de comprar allí desde muy pequeño. Ir con mi madre al local de Avenida de España, aparcar abajo y recorrerme los pasillos siendo un renacuajo era para mí una experiencia divertidísima. Siempre recordaré el miedo que siendo pequeñín me daban los pasillos del sótano que se atravesaban para ir desde el parking.

Majadahonda a mediados de los años 90. Al fondo a la izquierda, el local de Labrandero que se adquirió pocos años antes.

OTRO RECUERDO QUE QUISIERA PONER EN VALOR ES LA APUESTA DECIDIDA Y VALIENTE QUE LABRANDERO HIZO POR LO NUESTRO, POR LO MAJARIEGO, incluso en un municipio como el nuestro que no se destaca especialmente por su agricultura. El inolvidable y añorado Heliodoro Bustillo durante años le vendía los tomates que él mismo cultivaba aquí, en Majadahonda, a Labrandero para que un niño como yo pudiese verlos finalmente en El inolvidable y añorado Heliodoro Bustillo durante años le vendía los tomates que él mismo cultivaba aquí, en Majadahonda, a Labrandero para que un niño como yo pudiese verlos finalmente en la estantería de la frutería. El impacto de ver una etiqueta con la inscripción “Tomates, origen: Majadahonda” siempre lo tendré en mi mente. De cualquier manera, pasaron los años, y hubo que abrirse a nuevos públicos. Quisiera mencionar a María Antonia, hija de Pedro y María Ángeles, los fundadores del negocio, que durante estos últimos años ha estado al frente del mismo, intentando enfocar su forma de negocio y diversificando su gama de productos (incorporando secciones de pescadería y carnicería que antes no existían) para convertir Labrandero en algo lo más parecido posible a uno de aquellos supermercados en los que parece que todos estamos condenados a comprar por los siglos de los siglos. Labrandero vivió y sobrevivió como una frutería, pero incorporar la posibilidad de comprar carne y pescado —de gran calidad, con Carnes del Bierzo y Ángel García, respectivamente— ha sido algo fantástico para los majariegos.

Anuncio de cierre definitivo de Labrandero, que se materializará este próximo martes.

EN 2012 SE ARRIESGARON UNA VEZ MÁS, QUIZÁ CUANDO MÁS, Y DECIDIERON ABRIR UN SEGUNDO LOCAL, EN EL OTRO EXTREMO DE LA CIUDAD. Majadahonda, desde aquella lejana época en la que Labrandero era un pequeño almacén de frutas y licores, era ahora totalmente diferente, y no parecía descabellado pensar que la fidelidad de los clientes iba a dar de sí lo suficiente para que un segundo local en la calle de las Moreras, enfrente del Centro Oeste, fuese a tener éxito. Lamentablemente no ha sido así, y un pequeño adelanto, a modo casi de premonición, lo vimos hace dos años cuando se tuvo que sacrificar el local de la Avenida de España, cerrando sus puertas después de treinta años para que lo adquiriese la cadena vasca de supermercados BM. Un local fantástico y estupendo para situar un supermercado, hay que decirlo. Estos años pasados, estos últimos, han sido dificilísimos para cualquier negocio que como todos haya tenido la vocación de ir creciendo poco a poco, pero directamente para el pequeño comercio de arraigo local la situación ha sido insufrible. En los últimos 15 años muchos pequeños negocios que nos acompañaron a los majariegos ya no existen. Un paseo por la Galería Sanabria, otrora bulliciosa de gente, y donde ahora han florecido los carteles reflectantes de “Se vende”, es suficiente para darse cuenta de ello. Desapareció el mítico Orgaz de Doctor Calero, desapareció el Horno Santa Mónica, desapareció el taller de Julio Cabezudo. ¡Si ha desparecido hasta el mesón La Aurora, que parecía que siempre estaría ahí!

El almacén Labrandero en su primera ubicación, junto a Doctor Calero.

LA MAJADAHONDA QUE CONOCIMOS VA MURIÉNDOSE, Y LA DESAPARICIÓN DE LABRANDERO NO ES SINO UN PASITO MÁS ALLÁ EN ESO. Muchos pedazos de aquella Majadahonda popular, entrañable, de siempre, que conocimos de niños aún resisten, pero no sabemos por cuánto tiempo. La vida frenética, el ritmo de vida, nuestros hábitos de consumo totalmente digitales y nuestra búsqueda con microscopio de ahorro hasta el último céntimo aún a costa de aceptar estándares bajísimos de calidad es incompatible con el disfrute de un tejido comercial rico, variado, diverso, donde sea posible que un pequeño empresario majariego local pueda prosperar. Labrandero desaparece, según me han dicho, por la jubilación de los actuales propietarios, y por no marchar el negocio como en otros tiempos. Es cierto que, como por otro lado ha ocurrido en cualquier supermercado, los precios de los productos han subido, pero también es verdad que, ahora que se marcha de nuestras vidas, Labrandero siempre podrá presumir de no haber dejado que se resienta la calidad y el nivel de su género jamás.

LA MAJADAHONDA QUE CONOCIMOS DE NIÑOS SE NOS VA, Y CON EL CIERRE DE LA FRUTERÍA LABRANDERO SE SIGUE ESTA TENDENCIA, PONIÉNDOSE PUNTO Y FINAL A MÁS DE SETENTA AÑOS DE TRABAJO. Quizá en nuestro debe podamos situar el hecho de que jamás Majadahonda ha tenido empresas, negocios o simplemente marcas de los que haya podido hacer estandarte. Si algo parecido a eso hemos tenido ha sido Labrandero, quizá junto a la también histórica y mítica tienda de electrodomésticos A. Romero y alguna otra que quizá me deje. Mi abuelo, llamado igual que yo, y que fue concejal de Comercio en Majadahonda hace años, me ha comentado alguna vez que al comercio majariego local le ha lastrado el hecho de no coordinarse más entre sí para crecer y sobrevivir en un mundo dificilísimo. Desaparecerán los Labrandero (y si existieran tiendas llamadas así, también los Bustillo, los Gala, los Sanz, los Tallón…). Pero tranquilos, que nadie se asuste, que en las urbanizaciones majariegas de nueva construcción del extrarradio majariego siempre podremos ir a un lounge bar pintado totalmente de blanco, con una decoración anodina e insípida e hilo musical de versiones de Spotify a tomarnos un doble de cerveza por cuatro euros y medio, o podremos también comprar carne ultraprocesada en cualquiera de los muchísimos supermercados de precios imbatibles e insuperables que nos inundan. Majadahonda, al fin y al cabo, ya es eso.

Majadahonda Magazin