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ZACARÍAS M. MAILLO. Cuando abrió no hace muchos años la Librería Altazor en el centro de Majadahonda, muchos vecinos nos sentimos aliviados por no tener que ir a comprar libros a las grandes superficies, por poder ir caminando, por poder buscar y tocar los libros, por poder charlar con Paco y por poder encargarle los libros que en ese momento no tenía (siempre nos avisaba por whatsapp cuando los recibía). Hoy está de moda hablar en la empresa privada de la ‘experiencia cliente’. Y ¿qué hay más estimulante a la hora de comprar libros que poder hojearlos, tocarlos, olerlos?

Zacarías M. Maillo

Amazon o la Casa del Libro podrán ser muy grandes y tendrán webs espectaculares pero como ‘experiencia cliente’ nada hay como una librería pequeña de barrio, una librería como Altazor, el Altazor de mi Mankell, de mi Gellida y de tantos otros. Yo no soy muy partidario de ayudas directas a las empresas privadas por parte de la Administración Pública pero tampoco acepto que se privilegien a los grandes, que o pagan sus impuestos en otros países o bien sus tipos impositivos societarios son ridículos si los comparamos con sus beneficios. Los Cines Zoco se salvaron in extremis gracias a unos valientes, pero otras iniciativas no lo han conseguido. Hoy lamentamos el cierre de Altazor. ¿Quién será el siguiente? Los vecinos merecemos una Majadahonda que no se resigne a ser una ciudad dormitorio (y dormida), sino viva y culturalmente activa. ¿Estaremos a la altura? Mientras tanto, mil gracias Altazor, Paco, por tanto.

Paco Montero en su fenecida librería

RAQUEL BLANCO (librerantes.com). ENTREVISTA CON PACO MONTERO (LIBRERIA ALTAZOR). Primero de todo: cuéntanos quién eres, el año en el que abriste la librería y por qué. –Paco Montero. Abrí la librería en diciembre de 2004. Quería que mi pueblo, Majadahonda, tuviera un espacio dedicado únicamente al libro, a la literatura, fuera de la típica papelería-librería que siempre había habido. ¿Qué políticas deberían, o crees que podrían, desarrollarse en el ámbito de la cultura a favor de las librerías independientes?

–Algún tipo de subvención para el alquiler de los locales en las zonas más céntricas y comerciales, que suelen ser prohibitivos. Tratar de controlar los precios de los libros apoyando la industria editorial para que la gente no vea caro comprar cualquier novedad editorial. Mostrar más libros en los medios de comunicación de masas, de forma que los libros sean un objeto «natural» para todo el mundo y concienciar a la gente de que las librerías pequeñas e independientes «las hacen» los propios clientes y lectores frente a las grandes superficies que solo ofrecen best-sellers. Controlar que las multinacionales que venden libros paguen sus impuestos donde obtienen beneficios o que tengan los impuestos más altos. Favorecer que las bibliotecas municipales compren los libros en las librerías más cercanas, del propio municipio, puntuando la proximidad y la antigüedad en las bases del concurso público para la adquisición de los fondos. ¿Cuál es el futuro de las librerías? –Para que las librerías perduren debe haber un compromiso de la administración pública que reconozca su valor cultural, social, político, independiente del gobierno de turno y es necesario un compromiso por cuidarlas creando sinergias en lugar de competencia con las bibliotecas municipales, con las escuelas, etc., desde un punto de vista democrático. Lea la entrevista completa.

Federico Utrera

FEDERICO UTRERA. UNA PROPUESTA PARA SALVAR LAS LIBRERÍAS: IMPUESTOS CERO. He sido cocinero antes que fraile, es decir, editor antes que autor y en cierta medida librero, pero digital. Cuando el sistema económico analógico se derrumbó en 2008, pasé todos mis libros a soporte digital y me acostumbré a leer en pantalla en lugar de papel. Resultado: mi biblioteca menguó un 99%… y mis ingresos también. Algo parecido sufrieron los periódicos algunos años antes. Huí raudo de los libros sin mirar atrás antes de que la debacle me alcanzara hasta los tuétanos y dejé para mis memorias la aventura más maravillosa que he vivido nunca, pues además de escritor era bibliófilo y bibliógrafo, aunque sin alcanzar la plomiza categoría de «letraherido». Gracias a los libros conocí a genios, ingenios e ingenuos que han conformado mi genoma literario: Juan Goytisolo, Fernando Arrabal, José Angel Valente, Michel Houellebecq, los Panero… pero también «escuché con mis ojos a los muertos» y me atraparon entre otros muchos y sobre todos Cervantes, Juan Ramón Jiménez y Galdós a través de sus lúcidos «descubridores», Leandro Rodríguez, líder de la secta heterodoxa cervantista zamorana, la sobrina nieta del poeta y Premio Nóbel, Carmen Hernández Pinzón y el catedrático de Harvard, Paco Márquez Villanueva, que estuvo a punto de llevarme al exilio en su vecina Universidad de Brown antes de su desgraciado fallecimiento. El libro «Cordel de Extraviados» recoge aquel desvarío en toda su extensión.

Mi biblioteca alcanzó más de 15.000 volúmenes y aún hoy reposan en un viejo almacén la mayor parte de ellos, ya que esa desmedida y creciente pasión devoraba mi casa, mi hacienda y mi matrimonio. Hoy, felizmente curado de tamaña adicción, he vuelto al periodismo y me he exiliado en el videoarte. La metáfora tampoco es mía: el propio Goytisolo ironizaba diciendo que él había pasado de «consumidor» a «traficante» cuando quemó sus naves como editor en la francesa Gallimard y decidió «malvivir» de la literatura, que si bien no daba para comer, al menos sí daba para merendar. Hoy nos desayunamos, sin embargo, con el cierre de la librería Altazor de Majadahonda y quería entonar un réquiem por sus cenizas no sin antes proponer que para evitar que desaparezcan estos centros de dispensa y desintoxicación, sería necesario que nuestros políticos renunciaran a unos pocos de los impuestos con los que sangran a la población y eximieran de los mismos a las librerías. Sus nietos se lo agradecerían ya que, si persiste la cola de libreros en el paro, serán sus propios hijos los que los maldecirán.

Majadahonda Magazin