“Comerás flores” es la crónica de un duelo (ante la muerte del padre de la protagonista) y –también– cómo deshacerte del mamarracho a quien has convertido en amante, en principio dedicado/ delicado, luego un sansirolé que, cuando se enfada contigo, pone el coche a 220 km por hora» (Cien mil ejemplares vendidos)

VICENTE ARAGUAS. (Majadahonda, 6 de marzo de 2026). Dos Voces Femeninas. De la mano de Martina, siempre preciso de un entorno filosófico, de alguien que escuche y al tiempo hable (o al revés), me llegan dos novelas bastante recientes. Escritas por dos mujeres: Irene Otero y Lucía Solla Sobral. Y digo que cualquier momento del año es bueno para leer, del género que sea, del género de quien la escriba (solo pido generosidad, en ambos casos, para con el lector, esto es, liberalidad, vid. Cervantes, liberal: generoso). Y liberales parecen Otero y Solla Sobral en sus esfuerzos. Bien que en el caso de la segunda, su novela, “Comerás flores” (Libros del Asteroide, Barcelona, 2025) haya superado la cifra de los cien mil ejemplares vendidos. “Limitándose” la primera a alcanzar, cuando menos, 3 ediciones de “Los augurios” (La Moderna, Madrid), que tampoco está mal. “Comerás flores” es la crónica de un duelo (ante la muerte del padre de la protagonista) y –también– cómo deshacerte del mamarracho a quien has convertido en amante, en principio dedicado/ delicado, luego un sansirolé que, cuando se enfada contigo, pone el coche a 220 km por hora.

Vicente Araguas: «Yo disfruté de ambas novelas, recibidas de la mano elegante y cordial de Martina, compañera mía de despacho en LOGOS, ese colegio que cumple este año medio siglo. Y yo todavía en él, enseñando Poesía. Un honor»

EL TAL JAIME, LA VERDAD, NO TIENE UN PASE, SALVO EL QUE QUIERA DARLE QUIEN LO QUIERA. Y al dejarlo Marina el lector lanza un suspiro de alivio. Si es autoficciòn o no lo desconozco, Solla Sobral, paisana mía, de Marín (Pontevedra), me resulta todo un arcano. Sino que su escritura, pop, digamos por lo liviana, por descomponer el drama (interior y exterior de la muchacha que se enamora de un señor maduro y –dígase también– chulapón o chulito) hasta hacer de él más polvo estrellado que de estrellas, tiene un aquel de estimulante. Un libro, de alguna manera, contra el maltrato sicológico, desde el punto de vista de una mujer, cuyo Día Internacional es el 8 de Marzo. Si bien “Comerás flores”, por bien escrito y argumentado, Jaime, aun así, caricatura, que viene del italiano “caricare” (cargar), no necesita pretextos cronológicos para salir adelante. Se las está valiendo por sí sola en cualquier momento del año. Y no solo entre lectoras. Creo, entre otras cosas, que recrea atmósferas, lo que no es poco si se trata de literatura realista. De esas que ponen el dedo en la llaga, cuando en las relaciones, hombres-mujeres o viceversa, hay quien hace “luz de gas”.

Los augurios”, novela escrita por la madrileña Irene Otero con portada de un cuadro de Giorgio de Chirico y 3 ediciones, «que tampoco está mal».

«RELACIÓN TÓXICA». De la que hay mucha en “Los augurios”, novela escrita por una madrileña. Quien arranca con un principio en paralelo, luego el cuadro familiar (A, B, C y D) se desvanece para centrarse en la historia de Clara. Coprotagonista de una relación tóxica, por usar un término “a la page”, bien que utilizado de manera abusiva, con un tal Elías, elemento del mundillo cinematográfico en la isla en que reside, y a la que ha ido a parar la chica, sospechosamente parecida a Ibiza. El caso es que Clara, víctima de maltrato materno, dígase de paso, aparece ahora envuelta en un clima de terror casi cinematográfico, donde la alusión a la película “Luz de gas” no es, en mi caso, nada gratuita. Aunque más que George Cukor (director de la película homónima, la de 1944, hay una anterior, de 1940, dirigida por Thorold Dickinson) en la novela de Otero se nos aparece Alfred Hitchcock, “Pisicosis” y “Los pájaros” e incluso el Polanski de “La semilla del diablo”. El final, pura sutileza por parte de Irene Otero. Una autora joven que merece una y muchas lecturas, Día Internacional de la Mujer, o sin él. Yo disfruté de ambas novelas, recibidas de la mano elegante y cordial de Martina, compañera mía de despacho en LOGOS, ese colegio que cumple este año medio siglo. Y yo todavía en él, enseñando Poesía. Un honor.

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