SONIA BLUE. Si se hace un repaso por los grandes avances del siglo XXI, para algunos resultará difícil determinar cuál es el más grande dentro de estos 20 años de historia. Sin embargo, muchos lo tienen más claro: el smartphone. Los teléfonos inteligentes han logrado juntar numerosas funciones en sólo un dispositivo. Un smartphone promedio ha sustituido:
· Teléfono
· Cámara
· Radio
· Brújula
· Computador promedio
· Agenda
· TV
· Reloj
· MP3
¡Y cada año la lista se hace más larga! Esta realidad deja la mesa servida para comenzar a pensar en una posible dependencia de los teléfonos inteligentes. La nomofobia, una realidad: A pesar de que no aparece en los principales manuales de psicología y psiquiatría, es muy común que los expertos hablen acerca de la nomofobia o nomophobia. A la cual se describe como un miedo irracional a estar alejado del teléfono celular, especialmente de los teléfonos inteligentes. Quienes la padecen, experimentan altos niveles de estrés y ansiedad debido a no poder comunicarse con los demás, acceder o las redes sociales o simplemente poder jugar por un rato. Inclusive, lo de los smartphones va más allá, ya que algunos médicos comienzan a hablar sobre una “ringxiety” o “ringsiedad”, que es la ansiedad generada por la falta de notificaciones en el teléfono inteligente.
Por supuesto, este es el extremo, no el común denominador. Pero sirve para ilustrar el nivel de importancia que tienen los teléfonos inteligentes. Damos tanta importancia a mantenernos conectados (en contacto con otros), que estar lejos del teléfono produce una sensación que afecta la funcionalidad de muchas personas, sobre todo de los jóvenes. Un arma de doble filo: Muchos dicen que el gran problema no son los teléfonos inteligentes, al menos no el aparato físico, sino el nivel de conexión que se logra con ellos gracias al internet. Un teléfono inteligente significa tener literalmente el mundo en las manos. Son pocas cosas las que no se pueden hacer en un teléfono móvil. Y cada vez son posibles más y más cosas.



Pese a todo y que sustituyan lo que quieran, pero no se puede negar la evidencia: el mejor invento, en muchos siglos, ha sido el de la LAVADORA, y nadie, nadie, la sustituirá por otra cosa, y lo demás, son cuentos chinos. Las amas de casa, están mucho más que contentas con ellas.El bien que ha hecho y lo que han ahorrado estas máquinas es más que asombroso.