Imágenes de «la madre de todos los atascos» esta semana en Majadahonda: 4 horas «atrapados» para llegar a casa este jueves 12 de marzo de 2026 hace que ese día no se olvide nunca

TERESA FERNÁNDEZ HERRERA. (Majadahonda, 15 de marzo de 2026). El gran atasco fue «la madre de todos los atascos». Estas cosas más vale tomarlas en clave de humor. Sobre todo cuando ya han pasado. El viernes 13 de marzo recibí un video de MJD Magazin sobre el accidente de dos camiones en la M-50. ocurrido el día anterior. ¡Por fin pude ver por qué había pasado todo! Y es que yo estuve ahí. De todos los días posibles en que hubieran podido ponerme una cita médica en el Centro Vithas de Majadahonda, tuvo que ser el jueves 12 de marzo a las 15.50 de la tarde. Quién iba a pensar cuando después de tomarme un piscolabis en el Bar Niza de la Plaza de la Cruz, mi bar cafetería desde que llegué a Majadahonda, –no quiero acordarme de cuantos años hace ya de esa efeméride– me metí alegremente en un taxi en la parada. Eran más o menos las 14.45. Cosa de 10 minutos, llego temprano y me pongo al día con mis correos, tranquilamente, mientras llega la hora de mi cita.

Teresa Fernández Herrera

TODO VA BIEN HASTA SUPERAR LA AVENIDA DE ESPAÑA. DE PRONTO NOS PARAMOS, HAY UN MONTÓN DE COCHES DELANTE. ¿ESTO ES UN SEMÁFORO O UN ATASCO?, pregunto al taxista. Parece un atasco. Aún no me preocupo. Será un pequeño atasco, a saber porqué, porque no es hora punta. Pero el atasco se prolonga, vemos como van accediendo a la carretera de Boadilla otros atascados procedentes de otras carreteras. El tiempo pasa, el taxímetro sigue corriendo. El taxista habla con un compañero. “Parece que ha habido un accidente con camiones en la M-50”. Trato de encontrar algo en internet, con lugar, fecha, día y año. Pero lo más aproximado que sale es de 2024. El tiempo sigue pasando. Ya se hace de pronto tarde. Llamo al centro con grandes dificultades. Por fin puedo avisar que estoy en camino, atascada. El taxista me dice que estamos cerca. Por fin llegamos, 5 minutos después de la hora de la cita, tras más de una hora de camino y un cargo de 25 euros.

TODO VA BIEN EN LA CONSULTA. ME OLVIDO DEL TEMA. DOY POR HECHO QUE CUANDO SALGA YA HABRÁN RETIRADO LOS CAMIONES Y HABRÁ DESAPARECIDO EL PROBLEMA. Me informo sobre autobuses en la recepción. Son las 16.40 de la tarde. Hace un sol radiante. Me prometo a mí misma que daré un gran paseo en cuanto llegue a casa. Hay que disfrutar del día primaveral. Hay una parada de autobuses justo enfrente del Vithas, cruzando la carretera. Entonces está pasando un autobús que no voy a alcanzar pero no me preocupo, ya vendrá otro. Llego a la parada y veo que pasan el 654 y el 626. ¡Fantástico! El 626 me deja en la esquina de mi calle. Pasa tiempo, llega una chica joven. 20 minutos después más o menos para el 654. Prefiero esperar al 626. No he cogido nunca el 654 pero sé que no hace mi ruta. Lo que tampoco sé es lo que hace el 654. Pasa el tiempo. Ya empiezo a ser consciente de que el problema sigue. Llega a la parada una persona que tiene aplicación de buses en el móvil. “Faltan 32 minutos para que llegue un 654, del 626 no hay noticia. Bueno, –me digo–, cogeré el 654 y diré al conductor que me avise cuando lleguemos a una parada en la que pueda conectar con un autobús mejor para mí. Pasa el tiempo. Por fin aparece el 654. El conductor muy amable me dice que me avisará cuando lleguemos a una parada con otras conexiones para Majadahonda.

YO NO CONOCÍA LA RUTA DEL 654. LO DEL CIRCULAR ES UNA BROMA COMPARADO CON LAS VUELTAS Y REVUELTAS, LLEGO A CONTAR HASTA PASAR 3 VECES POR UN MISMO SITIO DESPUÉS DE VUELTAS Y MÁS VUELTAS. Todo ello a paso de tortuga, el atasco se ha convertido en la madre de todos los atascos. Pregunto al conductor si pasará por el Zoco. Sí, pero a este paso tardaré una hora. El sol va cayendo, la tarde luminosa se va. Adiós a mi paseo primaveral. Después de una eternidad, el conductor me dice que me baje y vaya a una marquesina que vemos enfrente, porque él no va a pasar por ahí. Voy a la parada. Hay varias personas. Veo que pasan el 561 y el circular. Una chica me dice que lleva ahí una hora y no ha pasado nada… Decido permanecer tranquila. Ya es casi de noche. Al cabo de una eternidad pasa el circular en su trayecto hacia Renfe. Pero antes debe pasar por el Zoco. No está el horno para bollos y decido subirme al circular. Ya se sabe, mil vueltas, ahí alternando entre atasco y calles tranquilas y vuelta al atasco. Ya es de noche. Por fin hacia las 20.00 horas me bajo en el Zoco. Y desde ahí decido darme un paseo hasta casa, no más espera de autobuses. No es el paseo que soñé hace horas disfrutando del sol, pero es un paseo. Aún, ya cerca de casa, pillo abierta mi frutería, La Huerta Ibérica. Me proveo de frutas, me prometo una cena suculenta a base de ensalada de frutas. Hay que hacer algo que cause placer, que neutralice la experiencia. Son las 20.40 cuando entro en casa…

Majadahonda Magazin