MANU RAMOS. «Sergio Castel, el carpintero que se fue a Australia a aprender inglés y descubrieron en un parque» es el titular con el que el periodista Ricardo Colmenero subraya en El Mundo a un futbolista de Majadahonda y Las Rozas que quizás sea el más «internacional» aunque no haya vestido la camisola de la selección: «El biopic de Castel tiene temporadas en Australia, Vietnam, India y casi una decena de equipos españoles. Toda una vida en 25 años, y que alcanzó la gloria a los 13, por esa cosa del fútbol que permite a los niños cumplir sus sueños de niño. En su caso, pasar de jugar en su barrio, en el Rayo Majadahonda y en Las Rozas, a que le fichara el Atlético de Madrid, del que se hicieron tanto él como sus hermanos por recomendación de su padre: «Si no sois del Atleti no coméis». Al mismo tiempo, a su mejor amigo desde los 7 años, un tal Marcos Llorente, fichaba por el suyo, el Real Madrid».

Antes de su histórico doblete al Celta en Copa del Rey, el jugador de 25 años cedido al Ibiza por el Atlético, perteneció a la cantera de Osasuna, dejó el fútbol a los 19 para irse a Brisbane, y acabó jugando la liga australiana, vietnamita e india. «Tenía de todo en Melbourne, no podía tener una vida mejor, me lo daban todo, pero me pudo la aventura», explica. Tentado por representantes de ligas asiáticas llena su mochila de goles y se planta en el Than Quang Ninh, «el Cuanín», españoliza Castel, de la V. League 1, primera división vietnamita. «Físicamente son mucho más débiles, tenían una cultura curiosa, si te ven tímido o débil, no te respetan, ni siquiera te hablan, tenía compañeros que les pasaba eso, y me lo advirtieron antes de llegar, entonces en el primer entrenamiento, en un rondo, tiré a dos al suelo, y fueron los primeros que empezaron a hablarme», explica.
A los cuatro meses dio por finalizada su aventura. Esta vez es su familia la que le pide que vuelva a España, y acaba en el Alcorcón B, de Tercera. Y enseguida le ficha el San Sebastián de los Reyes, de Segunda B, con el que vive el mejor año de su vida, en lo profesional y lo personal. Conoce a su novia Patricia y a mitad de temporada el destino le devuelve a la casilla de salida. El Atlético de Madrid le rescata por tres temporadas, con el acuerdo de cederlo a un Segunda española en el verano del 19. Pero tampoco fue así. Esta vez el Atlético le ofreció una nueva y exótica aventura en la India, con una de esas ligas emergentes que los clubes españoles nutren con canteranos y jugadores al borde de la retirada, a cambio de buenas sumas. «Era una oferta económica muy buena, el mejor contrato de mi vida», explica Castel, aunque tuvo que dejarse a Patricia en Madrid. «Al principio pensamos estar los dos pero es que en Jamshedpur no hay nada que hacer, nada, un centro comercial y una pastelería. Nos pasábamos el día jugando al parchís en el complejo deportivo».



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