Grupo Arte y Cultura El Plantío visita Estambul: orgullo de bizantinos y otomanos, ciudad entre Europa y Asia

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JULIA SÁEZ-ANGULO (Fotos: Aracely Alarcón). Estambul, antigua capital de Turquía, 16 millones de habitantes, 3.000 mezquitas, casi 6.000 minaretes, 180 iglesias, 21 sinagogas, un gran río, el paso entre mares que une el mar de Mármara con el mar Negro, sumado al Cuerno de Oro que riega el centro de la ciudad. Un palacio de lujo oriental: el Topkapi, la bella Torre Galata que se tiñe de color en la noche… Estambul, una ciudad que es historia y desmesura, eco de dos imperios. Turquía, una potencia hídrica, un país que se despliega entre Oriente y Occidente, entre Europa y Asia, basta cruzar el Bósforo.

Julia Sáenz-Angulo

Miembros del Grupo pro Arte y Cultura de El Plantío, fundado por Mayte Spínola, han visitado la ciudad y disfrutado de sus maravillas, incluidas las delicias de su gastronomía turca y otomana, vecina de la árabe. La jornada anterior visitaron Santa Sofía, la mezquita Azul y la de Soleimán, pero la segunda jornada ha ido por otros derroteros. El recorrido por el palacio de Topkapi requiere toda una mañana para recorrer con atención y calma todos sus recintos, desde la sala de Embajadores a las cocinas, pasando por el harem, la biblioteca y la pinacoteca. Esta última acoge los retratos de los sultanes y diversas miniaturas, le falta luz. Los libros antiguos con sus coloreadas miniaturas dibujadas están hoy en la biblioteca universitaria de Estambul. El lujo asiático se percibe en la belleza de los azulejos en los zócalos y cúpulas de Topkapi. Allí donde había cúpulas residía el poder. La sala de armas acoge actualmente las dos piezas emblemáticas de Topkapi: el gran diamante en forma de cuchara y el puñal del sultán. La sala del Tesoro está actualmente en obras -diversos monumentos lo están parcialmente. La colección de armas, armaduras, cascos, cotas de malla, mazas y demás variedades muestran que, detrás de ellas, se desplegó una gran cultura y civilización. El pabellón del harem y la reina madre respira lujo y encierro al mismo tiempo, los altos muros de los patios impiden a las mujeres –siempre tentación sensual para los hombres– contemplar el Bósforo o divisar varón alguno, salvo los eunucos, en su mayoría negros africanos. De esa manera se aseguraba la descendencia del sultán con toda legitimidad. El Derecho Romano ya lo advertía: pater semper incertus [el padre siempre es incierto].

La gran cisterna de Estambul, donde se recogían las aguas llegadas de los bosques del norte, imprescindible en casos de asedio, está en obras, pero visitamos la cisterna menor o Cisterna de Teodosio o Serefiye, recién restaurada y abierta al público de manera libre para la primera difusión de su nueva faz. Situada en la calle de Pierre Loti, ofrece una sala hipóstila maravillosa de 32 columnas con fustes sujetos por anillas de acero, que constituye una sinfonía, un bosque en piedra de gran belleza. Una sorpresa que vale la pena visitar. El Gran Bazar es otro atractivo de Estambul, junto a Mercado de las Especias. 3.000 tiendas en su interior, amén de las adyacentes con comerciantes que suelen agruparse por gremios y podemos seguir las galerías de joyeros, de ricas telas, de ropa confeccionada, repostería o dulces sin fin, desde la tradicional simit o pan prensado con semillas de sésamo, a las delicias turcas de gelatina espolvoreadas de azúcar cande.

Los cafés y las terrazas parecen urdir el tejido urbano de Estambul, un café turco fuerte y bien hecho, aromático y con algunos posos para leer en ellos el futuro. Si non è vero e ben trovato [Si no es verdad está bien contado]. Turquía es un país islámico pero no se ven tantas mujeres veladas con pañuelo o burka, y las que se ven, aseguran los nativos turcos, que son de los Emiratos. Recordemos que el Islam pide a las mujeres guardar sus encantos para su marido y que esos encantos en origen eran más los senos que la cabeza. ¿Cómo no defender a las mujeres de un burka que va contra su vista y la toma de vitamina D del sol abundante en sus países de origen?. La Organización Mundial de la Salud (OMS) debiera decir algo al respecto. Porque lo más indignante del asunto es que ellos, sus esposos o varones acompañantes, van completamente vestidos a la occidental, sin chilaba, con vaqueros y camisetas de marca capitalista. Es todo un agravio comparativo entre varones y hembras.

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