“Víctor, 43 años. Padre de dos hijos, Miguel (10 años) y Ana (7 años). En continua fase de aprendizaje y crecimiento personal gracias al acompañamiento de mis hijos (y no al revés). Descubriendo un nuevo mundo delante de mis ojos. Enamorado y afortunado de haberme encontrado «accidentalmente» por el camino de mi vida el proyecto #siloshombreshablasen. Y con ganas de contagiar las mismas emociones a otros hombres que necesiten «despertar». Así se presenta uno de los integrantes que participaron en la sesión inaugural del Grupo Presencial Narayana – Majadahonda. Y esta fue su experiencia:
«Éramos dos. Aguardando ansiosos la llegada de los demás. La conversación empezaba y las expectativas afloraban. Éramos cuatro. Ya con fuego en las palabras. Ánimo y Entusiasmo. Hasta que llegaron otros tres. Y por fin éramos uno solo. Ya en círculo nos permitimos honrar nuestros ancestros con lo que ellos hacían hace miles de años: ser verdaderos y honestos en la presencia de tres elementos sencillos de la naturaleza: el fuego, el otro y yo mismo. Empezamos profundos y certeros como la flecha que alcanza el corazón de su objetivo final. Hablamos, hablamos sobre todo de nuestra relación con las mujeres». ¿Qué percibo diferente en mí de una mujer con la cual convivo?
«Seguramente es una reflexión que nos invita a infinitas posibilidades. Sin embargo, tenemos un factor común en concreto que nos acerca justo cuando pensábamos estar tan solitarios: nosotros somos exactamente el polo opuesto. En las tradiciones, en los dibujos, en el pensamiento, en el cuerpo, nosotros somos lo que la naturaleza decidió crear para, colocados en una balanza, tender al equilibrio. Un complemento necesario, una unión deseada. Pero, ¿cómo vemos, al final, este otro lado que nos trae al equilibrio?».
«No es fácil reconocer con honestidad la manera como percibimos las mujeres. No es fácil por diversas razones. Las mujeres nos apasionan, encantan, nos guían. A la vez nos hacen confrontar con muchas contradicciones interiores y un mundo caótico. No obstante, ¿cuántos no pasamos por situaciones que claramente nuestra ética se ve confrontada con potentes impulsos? Después de abrirnos el tema y confesar las admiraciones que tenemos por la autenticidad y espontaneidad femenina –además de muchas otras cosas-, por fin llegamos a la zona de conflictos».
“¿Con las mujeres? Conflicto. Conflicto con ellas y conmigo mismo. Me hacen sentir en una verdadera montaña rusa; picos de altos y bajos. Llegamos a un punto. ¿Por qué permitimos que nuestra autoestima y motivación esté tan centrada en la valoración de otra persona? ¿Tan dependiente de si soy deseado o no? ¿Qué puede estar en la raíz de esa montaña rusa? Por otro lado, lo que considero todavía más profundo y que debe ser hablado o sí o sí es lo que vino después: “Vemos las mujeres como objeto. Como utensilio”. Llegamos a otro punto. Demasiado importante. Demasiado impactante. ¿Por qué, al final, tantos de nosotros vemos las mujeres como objetos? ¿Qué significa ver alguien como objeto?»
«Para hablar de esto tenemos que hablar de dolor. Tenemos que hablar de vacío. Y tenemos que hablar de tentativas y necesidad desenfrenadas de sentirnos llenos, realizados. El comportamiento del hombre varía mucho en relación a esto, desde la búsqueda por una mujer que nos cuide hasta la búsqueda de muchas mujeres que alimenten impulsos, deseos y principalmente una errónea idea de masculinidad. En el círculo éramos uno, con muchas voces. Estas voces asumían sus dificultades y flaquezas. Asumían sus juicios, lo que consideraban “bien” y lo que consideraban “destructivo” en su propia experiencia personal. Si algo aprendemos de temas tan delicados y presentes en nuestra psique es que tenemos que hablar».
«Tenemos que hablar para que el mito de la soledad se disipe. Tenemos que hablar para que el miedo a la incomprensión y las falsas creencias salgan. Y también tenemos que hablar para conocer nuevas posibilidades, partiendo desde experiencias concretas y reales, y no más fantasías de la niñez. ¿En qué punto estamos? Es la primera pregunta. Pero todavía más importante debe ser la segunda. ¿En qué punto queremos estar? Hablar de relación significa hablar de dos, siempre. En mis actitudes, en mi postura interior, considerar este otro que está conmigo. Considerarlo de verdad. Valorarlo. Partir mi mirada desde el corazón, desde el punto más honesto, responsable y puro que existe en mi. Salir de los juegos y crear conciencia. Ser responsables no solo por mi, pero también por el otro. Permitir sernos uno».
«Esto es una postura masculina equilibrada. Esto es madurez. Esto es un gran cambio de conciencia en relación al que es la gran parte de nuestra sociedad hoy en día. Esto es cambio en dirección a sanidad, a conciencia, al Amor. Esto es asumir el hombre que soy. Asumir responsabilidad. Asumir respecto. Asumir cuidado. Transcender el niño que quiere todos sus deseos saciados y asumir el hombre que construye y que ama desde la sensibilidad. ¿Cómo quiero relacionarme con las mujeres?¿ Cómo quiero sentirlas? ¿Desde dónde quiero tener mis experiencias de Amor? ¿Qué partes de mi cuerpo se activan en una relación? ¿En qué tipos de juegos e permito entrar? ¿Qué papeles estoy asumiendo que me distancian del hombre que quiero ser? El fuego se torna más caliente. Las llamas crecen y nos miramos. El corazón arde. Al final… Quien soy, ¿Y quien quiero ser?», finaliza el relato.
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