GUILLERMO VILA RIBERA. Miro por la ventana: Majadahonda despliega un lunes de reflexión, la sobremesa trata de calentarse, la mañana ha sido fría, extraña, una mañana de otoño en medio de la primavera. La alta renta per cápita se cuela entre las ventanas; un hospital público enorme, con helipuerto y garaje, se desparrama entre los olivos y los chopos que verdean las avenidas y las circunvalaciones de un Madrid lejano y altivo al que puede llegarse en alguna de las 8 o 9 líneas de autobús, que conectan esta región cualquiera de este país cualquiera, en el que nadie pasa hambre y se vota a presidentes y alcaldes, y el fútbol enreda las conversaciones, y los grandes dilemas tienen más que ver con el ser que con el tener. He tenido que buscar en el mapa para ubicar con exactitud Burkina Faso. Allí, un grupo de yihadistas asesinó la semana pasada a cuatro personas, entre ellas dos españoles, David Beriain y Roberto Fraile, periodistas.

Me da vergüenza escribir desde aquí sobre quien ejercía este oficio nuestro desde allí, siempre desde allí, aunque David tenía dicho que no hay historia pequeña. Más aún, «no nos olvidamos nunca de que a veces la historia más grande está en el lugar más pequeño. Hacemos historias grandes, épicas, de esas que importan, en sitios exóticos. Lo que pasa es que a los imbéciles como yo nos resulta más obvio contar una historia cuando nos explotan las cosas a los lados». No era un imbécil, tampoco un héroe: era periodista. Con la piel dura, la calle en las venas y el corazón en su sitio. Llamó a su productora 93 metros porque esa era la distancia que separaba la puerta de casa de su abuela del banco de la iglesia donde rezaba a diario. Sus orígenes, la familia, las conversaciones después de comer, los abrazos, las fotos en el álbum marrón, una casa en la que hay colchas cosidas a mano, algún botijo, un rosario, olor a fuego lento: las grandes historias nacen de sitios así, pequeños y eternos.

El nuncio en Burkina Faso y Níger, Michael F. Crotty, ha pedido –en declaraciones a este semanario– justicia para esclarecer las causas del asesinato de los periodistas. Trabajaban en un reportaje sobre la caza furtiva. Pienso en qué tipo de público podría tener ese reportaje, a quién podría interesarle. Han muerto trabajando en un reportaje sobre un lugar que a nadie importa y sobre un tema que interesa a pocos. Y yo estoy en mi ventana de Majadahonda, tratando de enhebrar algo parecido a un sentido homenaje a alguien a quien no conocía y con quien solo compartía una difusa vocación inicial. Y una gran esperanza final: la que cabe en 93 metros. Los féretros, las banderas, el aire marcial, solemne, las mascarillas negras, el fondo difuso de una España en paz, libertad y democracia que no acabamos de valorar. Quizá podamos aprender esto de esta historia que a nadie interesaba, pero ya sí, porque había alguien allí para contarla. Siempre allí. Artículo publicado en la revista «Alfa y Omega».


Más noticias
Las viviendas de lujo del Oeste de Madrid en 12 códigos postales de Puerta de Hierro, Aravaca, Pozuelo, Majadahonda, Boadilla y Las Rozas
Apellidos y personajes de Majadahonda: «Josef Sanz “El Rito”, Miguel de Haro, Montero, Magdaleno, Bravo y mención aparte para Labrandero»
«Vecinos por Majadahonda» propone más instalaciones deportivas libres y gratuitas: respaldo de toda la Oposición y rechazo de la mayoría absoluta del PP
Los vecinos de Majadahonda denuncian al Ayuntamiento el mal estado de la bandera de España en edificios públicos: Fiesta de la Hispanidad 2026
El Colegio CAUDE de Majadahonda cumple 20 años y se convierte en el centro de referencia de la ciudad por los alumnos que han pasado por sus aulas
El catedrático de Economía y vecino de Majadahonda que recurrió la «tasa de basuras» responde al rechazo masivo del Ayuntamiento: «El recurso se presentó en tiempo y forma»