«Pilar López de Ayala conoció muy pronto las mieles del éxito como actriz. Al principio fue un éxito modesto, de acuerdo, y compartido con Susana, su mejor amiga. Pero se lo brindaba un público sincero y con fama de exigente. Corrían los últimos años ochenta, y el escenario era un aula del colegio público Francisco de Quevedo, en Majadahonda (Madrid). Pilar y Susana, dos alumnas de 10 años, se dedicaban en los recreos a preparar pequeños montajes de teatro. «Nos inventábamos unas historias cómicas, medio surrealistas», recuerda Pilar. «Las ensayábamos tantas veces que acabábamos memorizándolas. Y después las repetíamos en clase delante de los compañeros. A ellos les encantaba, y yo disfrutaba muchísimo. No sé si me habré perdido algo, llevo trabajando desde que era niña». Pasó el tiempo, y Susana acabó decidiéndose por el magisterio. A Pilar, en cambio, le picó el gusanillo; dicen que ya apuntaba maneras. Pero sus jóvenes espectadores difícilmente podrían adivinar que, al llegar a la adolescencia, la niña se convertiría en un fenómeno de fans televisivo y, más adelante, en una de las actrices jóvenes con mayor proyección del cine español». Así presentaba el diario «El País» a la actriz majariega Pilar López de Ayala de los años ochenta. Treinta años después, en la madurez, el diario «Levante» cuenta como decidió emigrar… Como tanta gente: «Tuve que adaptarme como todo el mundo y buscar lo que me permitiera seguir siendo útil. Salí a buscar trabajo a Argentina y después a Brasil, donde había estrenado dos películas con bastante éxito, pero no salió nada. Surgió la oportunidad de ir a estudiar Historia del Arte a Estados Unidos, porque un amigo dejaba libre una casa, pedí un préstamo y me marché. La película «Rumbos», que ahora estrena, «me ha hecho volver y reencontrarme con mi profesión».
¿Cómo ha sido la experiencia? «Muy dura y muy difícil, pero también muy satisfactoria porque hacía algo que me enriquecía. Pero la realidad es que no había trabajo para mí. Ni para gente de otras generaciones. Aunque ha servido para darnos cuenta de que hay otras cosas que pueden llenar nuestra vida», confiesa Pilar López de Ayala, para quien «el cansancio se acumula, y tienes que parar y tomar unas vacaciones. Lo de Hollywood no es sólo dar el salto. Es una carrera de fondo». Tímida hasta el extremo y siempre hermética con la prensa, es difícil que la actriz hable de esos antepasados, entre los que aseguran que también se encuentra el mismísimo Cristóbal Colón. “Nunca he investigado si es mi antepasado porque no influye para nada en mi vida ni lo hizo en mi educación. Lo importante son los genes inmediatos. No me he educado entre algodones. Soy hija de padres trabajadores que han luchado para sacarnos adelante. No he ido a veranear a hoteles de lujo ni mucho menos. Me he ganado a pulso lo que soy”, declaraba a ‘Magazine Digital’,
Y el periodista José Madrid desvelaba su genealogía: «Hija de Rodrigo López de Ayala y Sánchez-Arjona, la rama paterna de la familia de la actriz de ‘Al salir de clase’ procede de antepasados nobiliarios de Extremadura. De origen vasco, los Ayala se emparentaron con la nobleza de Jerez de los Caballeros, una localidad de Bajadoz, en el siglo XVI. Poco después de asentarse en esa localidad obtuvieron altos cargos como regidores y alcaldes de Santa Hermandad entre los siglos XVII y XVIII. También desempeñaron cargos importantes para aquella época como teniente coronel de milicias o mayordomos mayores de Semana Santa. El prestigio de la familia originó un título de condes de casa Ayala que está directamente ligado con los ancestros de la actriz. Una de las figuras más cercanas en el tiempo es la de Jerónimo López de Ayala y Álvarez de Toledo, barón de Hermoro, quinto marqués de Villanueva del Castillo, XIII conde del Cedillo y VI vizconde de Palazuelos. Pese a ser pariente cercano de su abuelo, ni Pilar ni su padre han heredado título alguno».
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