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Una gestión personal de la Casa Real ayudó a la madre del "descuartizador de Majadahonda" a encontrarlo tras el secuestro de su padre: ella tenía solo 18 años

Una gestión personal de la Casa Real ayudó a la madre del «descuartizador de Majadahonda» a encontrarlo tras el secuestro de su padre: ella tenía solo 18 años

LIDIA GARCIA. La periodista Carolina Balbiani de la web Infobae ha tenido acceso al sumario sobre el caso del «descuartizador de Majadahonda» y ha publicado este 18 de noviembre (2022) datos hasta ahora desconocidos: el majariego Bruno Hernández Vega nació cuando su madre, Yolanda Vega, tenía 18 años. Tres años después, como Yolanda no le firmaba los papeles que quería, su padre Juan lo secuestró. Con su hijo en brazos dejó sin previo aviso la casa que compartían para escapar a los Estados Unidos y a México. «Yolanda, joven y desorientada, comenzó a peregrinar de juzgado en juzgado, de comisaría en comisaría, intentando localizarlos. Nadie la ayudaba demasiado. Un tiempo después, desesperada por encontrar a su hijo, tuvo la idea de recurrir a Paco Lobatón, el famoso conductor de televisión de Quién sabe dónde. Fue con ese programa que consiguieron las primeras pistas», escribe la periodista. Yolanda no pensaba bajar los brazos: “Le escribí a todos. Al Rey, a la Reina, a las Infantas… La Casa Real habló con la comisaría en Galicia, donde yo vivo, y dieron orden no sé… y mi hijo, no sé, pero en 48 o 72 horas apareció”. Se reencontraron en Madrid, en Móstoles. Bruno la esperó con sus tíos. El adolescente ya tenía 16 años.


Habían pasado 13 larguísimos años. La vio, corrió hacia ella y se abrazaron, pero no fue fácil. Eran dos desconocidos. Y Bruno era un joven introvertido que había pasado una infancia muy dura llena de castigos, sin madre ni amigos deambulando ilegalmente con su padre por otros países. “Fue un poco extraño porque ni él me conocía, ni yo a él”, reconoce Yolanda, “Costó mucho recuperar el contacto porque le habían dicho que yo lo había abandonado o que me había muerto… Él pensó que yo nunca lo había buscado”, contó ella en un reportaje.

Bruno tuvo una infancia tan dramática que lo trastornó

En los años que siguieron el comportamiento de Bruno fue haciéndose más y más raro. Emergieron las fobias. Su madre relata que tenía dos bien marcadas: “A los perros pequeños y a los chinos. No se cansaba de insistirnos para que no compráramos en esos establecimientos porque nos podían hacer daño, envenenar o asesinarnos”. Bruno ya hablaba de muerte y estaba lleno de miedos. Leticia, hija de Yolanda y hermana menor de Bruno, relata uno de ellos: “Tengo mi primera perra, una Yorkshire que pesa un kilo y medio, poquita cosa, y cuando él viene de visita a Galicia es muy escandalosa, ladra mucho. Y la reacción de mi hermano es siempre sentarse en una silla, levantar los pies y decirme: Apártamela me va a morder, recógele el pelo que no me ve, no me reconoce, tengo miedo”. Con el tiempo sumó más temores: a las bacterias y a los gérmenes. Para abrir la tapa del inodoro ya no usaba sus manos, lo hacía con la punta de pie.

Por el juicio pasaron 81 testigos y 47 peritos. Y quedó probado que la picadora industrial Braher modelo P-22, capaz de triturar carne y huesos, había sido comprada por el culpable el 29 de julio de 2008 por 1.189,5 euros. Bruno cumple 27 años de cárcel en un psiquiátrico por el asesinato de su tía y de Adriana que había llegado a España 13 años antes de su muerte por su vocación por la música, luego de haber estudiado en la academia de Bellas Artes de Hamburgo, en Alemania. Si no se trata, su enfermedad sería «irreversible» cuando salga a la calle. Fuera le esperan su mujer y su hijo. Próximo capítulo: «Así es el padre del «descuartizador de Majadahonda«

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