
ANNA-MARÍA RAMOS. (Majadahonda, 24 de octubre de 2026). Defensora del bienestar animal en Majadahonda desde hace más de 15 años. La muerte de Nara en el CICAM de Majadahonda (Centro Integral Canino de Majadahonda) plantea preguntas sobre la atención veterinaria y la supervisión municipal. La gata, de 9 años, comenzó a deteriorarse a finales de septiembre y falleció el 20 de octubre. El voluntariado asegura que alertó de su estado y que tuvo que insistir para conseguir su traslado a una clínica. El sábado 17 de octubre por la mañana no había veterinario en el centro, pese a que los pliegos técnicos contemplan atención veterinaria en esa franja horaria. Nara tenía 9 años y llegó en julio de 2026 al CICAM de Majadahonda junto a su hermano Apolo, procedente de un hogar. Tres meses después, ha muerto. Su caso plantea preguntas sobre la atención veterinaria que recibió, la gestión de las alertas del voluntariado y el control que ejerce el Ayuntamiento sobre el funcionamiento del centro. A partir de la semana del 21 de septiembre, Nara empezó a comer poco, se mostraba apática y fue adelgazando progresivamente, hasta presentar dificultades para respirar. Según el voluntariado, se alertó de su deterioro durante las semanas siguientes. El sábado 17 de octubre por la mañana no había veterinario en el CICAM y, ante el estado de Nara, los voluntarios tuvieron que insistir repetidamente para conseguir autorización para trasladarla a una clínica veterinaria externa. Nara falleció en la clínica la madrugada del 20 de octubre. Según la información veterinaria disponible, presentaba neumonía.

¿POR QUÉ NO HABÍA VETERINARIO ESA MAÑANA Y CÓMO SE GESTIONÓ LA NECESIDAD DE ATENCIÓN DE NARA? La pregunta cobra especial relevancia a la luz de los pliegos de prescripciones técnicas del servicio, que establecen un horario de atención veterinaria de lunes a viernes y también los sábados de 10:00 a 14:00. Es necesario que el Ayuntamiento aclare qué cobertura estaba prevista aquel día, qué ocurrió y si se cumplieron las condiciones del contrato. El informe anual del servicio de gestión del CICAM correspondiente a 2025 también recoge un protocolo de revisión veterinaria diaria de los animales alojados en el centro. El documento contempla expresamente la detección de problemas como la pérdida de apetito, así como la aplicación de tratamientos y el seguimiento de los animales enfermos hasta su recuperación.

ANTE EL DETERIORO PROGRESIVO DE NARA, RESULTA LEGÍTIMO PREGUNTAR QUÉ SEGUIMIENTO VETERINARIO RECIBIÓ DESDE FINALES DE SEPTIEMBRE, qué actuaciones quedaron registradas y cómo se respondieron los avisos trasladados por el voluntariado. La documentación disponible no permite concluir por sí sola que se incumplieran los protocolos, pero sí justifica solicitar una explicación detallada y comprobar cómo se aplicaron en este caso. La preocupación no se limita a Nara. En junio de 2025 falleció Robin, otro gato alojado en el CICAM, cuyo deterioro también había sido comunicado por escrito. Existen correos y mensajes en los que se alertaba de su estado y en los que voluntarios se ofrecían a sacarlo del centro, trasladarlo a un veterinario externo e incluso asumir los gastos. Sin embargo, no se autorizó su salida a una casa de acogida, alegando que había que esperar a comprobar su evolución.


LO OCURRIDO CON NARA PRESENTA UN PARALELISMO PREOCUPANTE. Ante su deterioro, fue necesario insistir para conseguir autorización para trasladarla a una clínica veterinaria externa. Finalmente, MajadaCats asumió los gastos de la atención veterinaria y del ingreso en la clínica. En ambos casos hubo personas dispuestas a intervenir para ayudar a los animales. ¿Por qué hubo que insistir? ¿Qué respuesta se dio a las alertas y qué alternativas se valoraron? La existencia de comunicaciones documentadas y de ofrecimientos concretos hace necesario esclarecer lo ocurrido y revisar cómo se gestionaron ambas situaciones y cómo las supervisó el Ayuntamiento. También preocupa la situación de los gatos adultos que llegan al centro procedentes de hogares. Nara y Apolo necesitaban una oportunidad para encontrar un entorno adecuado. ¿Qué gestiones se realizaron para conseguirles una casa de acogida? ¿Qué recursos existen para facilitar la acogida de gatos adultos y evitar que permanezcan en el centro sin una alternativa adecuada?
AUNQUE LA GESTIÓN DIARIA DEL CICAM ESTÉ EXTERNALIZADA, EL AYUNTAMIENTO TIENE LA RESPONSABILIDAD DE SUPERVISAR EL SERVICIO Y COMPROBAR QUE SE CUMPLEN LAS OBLIGACIONES PREVISTAS EN EL CONTRATO. La ciudadanía tiene derecho a conocer cómo se controla la atención veterinaria, cómo se tramitan las alertas sobre el bienestar animal y qué medidas correctoras se adoptan cuando existen indicios de posibles deficiencias. Las fotografías que acompañan esta información muestran a Nara y ayudan a visibilizar su deterioro. No permiten determinar por sí solas las causas de su muerte ni establecer responsabilidades, pero sí ponen rostro a una historia que merece ser esclarecida. Nara ya no está. Su hermano Apolo ha salido del CICAM y se encuentra en una casa de acogida gracias a MajadaCats. Pero queda una pregunta que el Ayuntamiento debe responder: ¿qué ocurrió con Nara, se cumplieron los protocolos previstos y qué medidas se tomarán para evitar que una situación similar vuelva a repetirse?

