“La Vanguardia” recuerda a la escritora Carmen Conde, su bisexualidad y su fallecimiento en Majadahonda

Amanda Junquera y Carmen Conde

TERESA AMIGUET. ‘No me voy a quedar yo aquí de maestra. Mi ingreso en la Academia lo considero una victoria para todas las mujeres, para todas las escritoras , y me alegro por todas y a todas intentaré abrirles las puertas’. El 28 de enero de 1979, con estas palabras, Carmen Conde, tras saludar a los reyes Juan Carlos y Sofía y a los ‘señores académicos’, inicia su discurso: ‘Poesía ante el tiempo y la inmortalidad’. La poetisa, de 72 años, tomaba así posesión de su sillón en la Real Academia Española, puesto que le había sido negado a grandes escritoras como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Blanca de los Ríos o María Moliner por el simple hecho de ser mujeres, y aprovechó la ocasión para redimirlas: ‘Permítanme que manifieste mi homenaje de admiración y respeto a sus obras, vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria’.

Carmen Conde en la RAE

En las fotos de la RAE de ese 1979 destaca entre todos los sesudos académicos una mujer: es Carmen Conde, la que fuere primera académica de la Real Academia de la Lengua tomando el relevo de Miguel Mihura, en el sillón de la letra K. Por primera vez desde su fundación en 1714, la Real Academia Española elegía a una mujer como titular. Tras 3 votaciones, los académicos bajaban la guardia al fin y con 14 votos a favor, Carmen lograba desbancar a las otras dos aspirantes, hecho que refleja en sus anotaciones del día de la elección: ‘Rosa Chacel, Carmen Guirado y yo, exilio voluntario y 40 años de aguante con dignidad y valor y obra’.

De izquierda a derecha, Amanda Junquera, Vicente Aleixandre, Carmen Conde y Joaquín de Entrambasaguas, en Velingtonia (Madrid), 1 de junio de 1944.

La académica había empezado a publicar cumplidos los 15 años en la prensa nacional y había editado su primera obra, Brocal, en 1929, cuando contaba 22. Se definía a sí misma ‘como una muchacha que llegó a la literatura con la tremenda suerte de almorzar un día con Gabriel Miró y cenar con Juan Ramón Jiménez’. Orgullosa, proclamaba haber vivido una vida plena y profunda. Casada en 1931 con su paisano, el también poeta Antonio Oliver Pernás, junto al que emprendería proyectos culturales de peso, mantuvo relaciones con las poetas Ernestina Champourcin y Amanda Junquera, que será su amante durante muchos años y amiga hasta el final. Su producción literaria comprende más de un centenar de libros. En 1994 deja de escribir y cede todos sus archivos, biblioteca y otros objetos relacionados con su trayectoria literaria a su ciudad natal, Cartagena. Entre este material estaba su valiosa correspondencia con Rubén Darío, Miguel Hernández, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre. Pasa los últimos cuatro años de su vida, desde 1992 en una residencia en Majadahonda. En septiembre de ese año redacta su testamento dejando al Ayuntamiento de Cartagena, su ciudad natal, la totalidad de su obra literaria y la de su marido. Carmen, empero, es más recordada como la primera mujer en ocupar un sillón de la RAE que por su producción literaria. La académica yace en un nicho familiar del cementerio madrileño de los Santos Justo y Pastor, donde ya descansaban su esposo y su madre. Su sillón en la Real Academia Española lo ocupa en 1998 otra mujer, la segunda en la institución cuyo lema era ‘Limpia, fija y da esplendor, Ana María Matute. Artículo publicado en La Vanguardia.

 

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