Los tres viajes que marcaron mi vida: gestas y cuitas del organista de Santa Catalina en Majadahonda (II)

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RODRIGO RASCADO. Siendo como soy una suerte de bohemio y ratón de biblioteca, aparte de mis estudios, pocas cosas no eruditas dignas de mención he hecho, salvo, tal vez, tres viajes: el primero, un Interraíl al acabar el Bachillerato. El segundo, tras dejar mis estudios de ingeniería, una peregrinación de 30 leguas, unos 200 km, desde Puebla de Trives, mi tierra paterna, hasta Santiago de Compostela; las primeras 15, hasta Orense, por una ruta forzosamente fuera de la red de señales y albergues, simplemente porque no les hay. Y el tercero, un viaje a Italia por carretera, en un destartalado Seat 600, en compañía de otros dos dementes que allí me dejaron, porque siguieron en ruta hasta Mongolia… “WanderDust“, se hacían llamar, no sé si habrán oído de ellos, o leído, pues tuvieron su lugar en un número de la Gaceta de nuestra villa, allá por el año 2016; no me acordaba y lo he consultado en la lápida conmemorativa que estuvimos por hacerles, que por la gracia que me hace verla y acordarme de aquello, adjunto al final.

Dicho sea de paso, del asunto de la Mongoliada habría, tal vez, un par de buenas historias para holganza de tus lectores; que hasta yo, que no hice más del tercio primero del viaje, púseme a recopilar material y ánimos para hacer buenas artes en memoria de ello. Pero aquí me hube de topar con mi más grande defecto, que es el de darme a intenciones grandes, con una constancia pequeña, pues se me acumularon las noticias, cartas y diarios, y me faltó la voluntad de pasarlas en limpio; que no lo hicieron los otros, y con el tiempo y la pérdida, creo que quedé yo sólo con la mayor y mejor parte de los informes al respecto. Los tres asiáticos no me insistieron lo suficiente para que yo lo sacase a la luz, y ahora nuestros caminos andan ya algo separados los unos de los otros, lo suficiente al menos como para que no se curasen de mayores propagandas, al menos que a mí me conste; tal vez yo algún día, a pesar de todo, lo haga. Habrás de perdonarme la inmodestia de que también te adjunte parte del relato en verso que fui haciendo del viaje, para que veas que, además de músico, también tengo algo de poeta... Del diario del viaje, eso sí, lamento que no me resulte apropiado darte más ejemplo que su noticia, tanto por carecerme la licencia de hacerlo, como por no tenerlo siquiera apropiadamente transcrito.

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