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Luchino Visconti en el Zoco de Majadahonda: «las abuelas de hoy también hablamos italiano y traemos al cine a hijos y nietos»

Luchino Visconti en el Zoco de Majadahonda: «las abuelas de hoy también hablamos italiano y traemos al cine a hijos y nietos»
La película fue presentada en Majadahonda por María Eugenia Guzmán y Javier López Otaola, a quién tengo que dejar un recadito antiedadismo. Dijo animando al público a que trajeran más espectadores a estas sesiones especiales, “traigan a sus hijos y a las abuelas” y se quedó tan ancho. Señor López Otaola, a ver quién trae a quién a ver una película de 1963, cuyo estreno de entonces vimos las abuelas de hoy, algunas como yo, estudiosas y rendidas admiradoras de la trayectoria de uno de los personajes más fascinantes del siglo XX

TERESA FDEZ HERRERA. (Majadahonda, 19 de octubre de 2026). Viernes 16 de octubre, cines Zoco, sala 1. En versión original subtitulada y restaurada la obra maestra de uno de los mayores directores de cine de la historia: Il Gattopardo. Un placer para los que amamos el cine de autor, sobre todo para los que hablamos italiano, poder disfrutar por primera vez, y esto hay que agradecérselo a los organizadores del Zoco Majadahonda, de la obra cumbre del aristócrata Visconti, también conocido como “el conde rojo”, estrenada en Madrid el 15 de diciembre de 1963 con la presencia de Claudia Cardinale, la inolvidable Angelica Sedara en el filme. La película fue presentada por María Eugenia Guzmán y Javier López Otaola, a quién tengo que dejar un recadito antiedadismo. Dijo animando al público a que trajeran más espectadores a estas sesiones especiales, “traigan a sus hijos y a las abuelas” y se quedó tan ancho. Señor López Otaola, a ver quién trae a quién a ver una película de 1963, cuyo estreno de entonces vimos las abuelas de hoy, algunas como yo, estudiosas y rendidas admiradoras de la trayectoria de uno de los personajes más fascinantes del siglo XX, Luchino Visconti, hijo de un aristócrata y de una señora de la alta burguesía, Carla Erba, de los laboratorios Erba, que una década antes de Il Gattopardo había revolucionado la historia de la ópera con La Traviatta de Verdi, en la que convirtió en actriz a la joven soprano trágica Maria Callas, que eclipsó a Giuseppe di Stefano en una histórica representación en la Scala de Milán el 18 de mayo de 1955.

Teresa Fernández Herrera

ANTES DE VOLVER A IL GATTOPARDO PELÍCULA, HAY QUE HABLAR DEL AUTOR DE LA NOVELA HOMÓNIMA, GIUSEPPE TOMASI DI LAMPEDUSA, duque de Palma di Montechiaro, nacido en Palermo, que como tantas veces ha sucedido en la historia de las editoriales fue rechazada por Einaudi y Mondadori, y solo un año después su muerte, en 1958 fue publicada por Feltrinelli por intervención de una hija de Benedetto Croce, Elena. En 1960 alcanzó las cincuenta ediciones y tres años más tarde se convirtió en nuestra afamadísima película. Es evidente que el siciliano Tomasi di Lampedusa sabía muy bien lo que contaba, la historia de la convulsa Italia del Risorgimento con los sucesos en Sicilia en 1860, el principio de la unidad italiana, seguida diez años más tarde en 1871 por la unidad alemana. Así que antes de entrar de lleno en la película, tenemos a un siciliano que contó hechos históricos con personajes de ficción, las familias Salina y Sedara, la primera basada en antecesores del propio autor y la segunda en el principio del ascenso de una rica burguesía a los puestos que antes solo había ocupado la nobleza. El matrimonio de Tancredi Falconeri, (Alain Delon) y Angelica Sedara (Claudia Cardinale) es un reflejo fehaciente de los cambios sociales del Risorgimento, un calco repetido en la familia Visconti de Milán que se remonta al siglo XIII, y que a caballo del XIX y XX emparentó con la rica alta burguesía de los Erba. Es decir, era la propia historia de Luchino, cuarto hijo de una familia de siete hermanos.Ahora entendemos mejor porqué el aristócrata burgués comunista y cineasta Visconti llevó al cine una historia publicada nueve años antes; en cierto modo era también la historia de su familia, y él mismo partidario de la desaparición de la nobleza como clase social. Nadie como él para recrear en el cine los hechos de la novela.

OTRA HERMOSA INTRAHISTORIA DE LA PELÍCULA FUE LA IMPOSICIÓN POR PARTE DE LOS PRODUCTORES DE BURT LANCASTER para el papel de don Fabrizio príncipe de Salina, con la oposición de Visconti que no veía en la piel de un príncipe siciliano del XIX en “un vaquero”, hasta el punto de que al principio las instrucciones se las daba a través de sus asistentes de dirección. Pero pronto se dio cuenta de que para Lancaster era el papel de su vida y se conocía la novela y el guión al dedillo. Se dio cuenta de que se había metido en la piel del Príncipe de Salina como si fuera su reencarnación. Acabaron siendo amigos de por vida y años más tarde le contrató para su película autobiográfica, “Gruppo di famiglia in un interno”.

IL GATTOPARDO ES UNA MARAVILLA DESCRIPTIVA DE LAS ACOMODACIONES HUMANAS A LAS NUEVAS CIRCUNSTANCIAS CAMBIANTES: de Borbónicos (por cierto Sra. Guzmán, en 1860 las Monarquías Parlamentarias ya llevaban tiempo establecidas en Europa, el absolutismo estaba muerto) a garibaldinos y finalmente a monárquicos de la casa de Saboya, con quienes culminó la unidad italiana. Ejemplo del pragmático personaje Tancredi Falconeri, “que todo cambie para que siga igual”, a quién su tío el Príncipe de Salina entiende, admira y protege, como protege los cambios que él mismo no puede asumir, en la icónica escena en que recomienda al político saboyano que nombre senador a Don Calogero Sedara, (Paolo Stoppa) padre de Angelica, uno de los personajes altamente representativos de los tiempos que corrían, probablemente analfabeto, pero millonario y listísimo. El príncipe de Salina sabe muy bien que es una especie en extinción y lo demuestra en la larguísima última parte de la película, ese baile que dura cuarenta y cinco minutos en el que pasa de todo, hasta el anuncio del fusilamiento de garibaldinos por el coronel Pallavicino más tarde, esa madrugada. Pero lo más importante que pasa durante ese baile es la escena más sensual de toda la película, el vals que bailan Burt Lancaster/ Príncipe de Salina con la prometida de su sobrino, una bellísima Claudia Cardinale/ Angelica Sedara. La sensualidad escapa por todos los poros de ambos y los celos de Falconeri/Delon están más que justificados. ¡Qué vals, qué figura de Lancaster! Mientras el pobre rico Don Calogero, harto de que nadie le haga caso, se duerme en una sala vacía….

ESE BAILE, CUYOS ANFITRIONES SON LA MÁS RANCIA NOBLEZA SICILIANA, la princesa Margherita y su marido Don Diego di Ponteleone, se celebra en el Palacio Valguarnera-Gangi de Palermo, joya del rococó siciliano, inspirado en Villa Lampedusa. De todos los viscontianos es sabido que siempre ambientaba, tanto sus películas como sus óperas en espacios reales, con mobiliario real, y joyas históricas auténticas, caso de las que luce Claudia Cardinale. La obsesión de Visconti por el detalle es conocida. Una frase que describe a la Princesa de Salina/Rina Morelli, cuando dice Lancaster al padre Pirrone/Romolo Valli, (otro que se acomoda a todo lo que venga) “siete hijos y no le he visto jamás el ombligo”. Otro personaje paradigmático de la nobleza siciliana de la época es la hermosa hija de ambos, Concetta/ Lucilla Morlachi, anclada en el pasado tanto como su madre, incapaz de adaptarse a las dinámicas de su tiempo a pesar de su juventud. La novela y la película son sendos mosaicos representativos de todas las tendencias de esos años. Para terminar esta crónica, además de recomendar la lectura de la novela de Tomasi di Lampedusa, necesaria para profundizar en los hechos históricos y en los personajes que representan las mentalidades de la época, recomiendo la del libro de ensayo de Pedro García Cueto, Luchino Visconti, el don de la belleza para conocer la vida y obra del director milanés.