25 años de «Dover»: la madre de Amparo y Cristina Llanos tenía su comercio de ropa en Novotiendas (Majadahonda) mientras vivían en Boadilla

MANU RAMOS. La sala roja de los Teatros del Canal de Madrid, en el marco del Festival Internacional de Arte Sacro, celebra este sábado 19 de marzo (2022) a las 20:30 horas un homenaje a dos músicas de Majadahonda y para el que aún quedan entradas destinadas a los fans de última hora: el grupo se llamaba Dover, como una marca de ropa de Barcelona, la madre de Amparo y Cristina Llanos tenía una tienda en el centro comercial Novotiendas de Majadahonda -llamada Mariana, por Mariana Pineda– en la que ambas ayudaban. De la etiqueta de una cazadora «chulísima» sobrevino el nombre de una banda que consiguió un hito imposible hasta entonces: que un grupo de música independiente se convirtiera en ‘mainstream’. El evento de esta noche mágica mezcla elementos audiovisuales y documentales de la época con un concierto muy especial de los madrileños Featherweight -que no habían nacido cuando el disco se publicó y aun así lo reconocen como una de sus principales influencias- en el que van a tocar «Devil Came To Me» en su totalidad, con un espectacular despliegue lumínico. Y el periodista musical Roberto Bécares conmemora en «El Periódico» ese «Aniversario musical» de 25 años de «Devil Came to Me» contando la intrahistoria de cómo un disco de rock alternativo «llegó a vender 700.000 copias y fue un fenómeno sin parangón». El tema puso de acuerdo a amantes de diferentes estilos musicales y pegó un «pelotazo» inédito en las tiendas de discos: 500.000 copias vendidas en pocos meses, 5 discos de platino, Premio Ondas al Mejor Grupo Revelación y 15 de meses de una gira de locura.


Roberto Bécares

La majariega Amparo afirma que ni ella ni su hermana eran muy de escuchar su propia música, de «volver atrás», por lo que ahora, asegura, cuando escucha las canciones «es como si estuviera viendo aquel momento». Por eso, este sábado, en el homenaje que la discográfica Subterfuge ha montado para homenajear a aquel discazo con este concierto, lo hace con la banda de rock alternativo Featherweight, cuyos miembros tienen los mismos años que aquel LP. Y Amparo quiere estar entre el público. «El otro día una amiga me pasó un vídeo de un bar donde había gente de veinte años y estaban todos cantando ‘Serenade‘. Se la sabían. Me emocionó», afirma Amparo Llanos, ahora en un periodo de retiro, leyendo, «aprendiendo», viviendo la vida después de sacar dos discos en su nuevo proyecto musical, «New Day», tras la disolución de Dover en 2016. A la tienda en Majadahonda (situada en Novotiendas) que regentaba la madre de las compositoras del grupo les llegaban los fans para que les firmaran autógrafos. Las clientas no entendían nada. «Era una ola que a medida que pasaban las semanas se multiplicaban por cinco. Ya no solo hablo de ventas, sino del boca a boca, de todo los acontecimientos», aprecia Amparo sobre un disco del que vendieron al menos 700.000 discos, aunque ella sostiene que se fueron al millón de copias. «Es que fíjate, me subo a un taxi y me siguen reconociendo. Todos los taxistas conocen el ‘Devil came to me'», confiesa la cantante.

Llamaban incluso a casa de sus padres para contratar conciertos desde todos los puntos de España. Cristina cogía a veces el teléfono. Cerraba acuerdos «al tuntun» por 100.000 o 200.000 pesetas, cuando podían pedir mucho más, muchísimo más. Y como había un acuerdo de por medio se plantaban allí por ese precio. «En Alfaz del Pi los contrataron por 100.000 pesetas y el tío metió lo que quiso de gente allí. Lo reventó. Al año siguiente le colocamos a Undrop por cuatro millones y fue un desastre», recuerda Carlos Galán, CEO y Fundador de Subterfuge Records. Otro concierto que marcó aquella gira fue el de Anoeta. Ahí los recuerdos difieren sobre la fecha entre los protagonistas, pero todos recuerdan que estaba a reventar. «La gente decía que no habían visto aquello nunca salvo con Mecano». Aquel viaje, de hecho, un hermano de Amparo y Cristina conducía la furgoneta. Al volver a casa, no salía de su asombro todavía contándoselo a su madre: «Mamá, es que la gente se vuelve loca, es que tiran hasta las vallas…». De repente, hasta el padre se convirtió en una suerte de asesor de imagen. Les ordenaba las pilas de cartas que les llegaban y les apuntaba notas. «Este pide foto». «Responder rápido». Y ellas trataban de responder. «Mi padre no cabía en si de gozo y yo trataba de contestarlas todas, iba con una carpetita para escribir»

Era finales de 1996. Ni las dos hermanas ni Jesús Antúnez (batería) ni Álvaro Díez (bajo) habían quedado contentos con el disco anterior, su estreno, Sister, editado con la discográfica Everlasting-Caroline. No era el resultado deseado cuando montaron la banda tres años antes -Cristina tenía solo 17 años, Amparo diez más- inspirada en el sonido Seattle, con Nirvana como referencia principal, y también de grupos de mujeres artistas, como Come, The Hall o la propia Courtney Love. En Subterfuge no dudaron en hacerles un contrato para entrar en los estudios Infinity a grabar el disco. Era lo que las hermanas habían soñado. Sólo había un problema. «No se lo dijimos entonces, pero nos faltaban cuatro o cinco canciones», recuerda Amparo. Era un viernes de antes de Navidad. Estaban en el estudio de siempre, el de Ventorro del Cano, un polígono perdido en la M-40, a la altura de Alcorcón, donde los cuatro componentes del grupo se sentían muy cómodos. Era su segundo hogar.

Cristina tenía la «estrofa y el puente» de lo que luego sería «Serenade» y «yo tenía también lo mismo del que sería ‘Devil Come to Me’. Intentamos hacer algo con las dos partes juntas, pero no funcionaba», desvela Amparo. Pero Amparo también había hecho los deberes. «Se me había ocurrido el estribillo y el riff de guitarra para ‘Devil…’. The moon was red and the night… nos pusimos ese sábado por la noche y el domingo todo el día a ensayar. Vino un amigo nuestro, Manolo, se la tocamos, y miraba a todos lados, con cara de alucine, nos daba un gustazo…», se emociona la artista sobre la elaboración de dos himnos que siguen sonando hoy en día en la radio y que acumulan ambos más 15 millones de reproducciones en Spotify. Al fin de semana siguiente tenían concierto en una sala pequeña de Valladolid, llamada curiosamente Subterfugio. A Amparo se le rompió una cuerda y entre que se pusieron a cambiarla, Cristina se puso a improvisar una canción en acústico. Sola. Fue un éxito. Cuando acabó el concierto, la abordaron sus compañeros de banda: – ¿Pero, te acordarás de la canción?

Y vaya si se acordaba. De ahí salió ‘Nightmare‘, y algo parecido ocurrió con Sick Girl. Cristina, que todavía vivía con sus padres en Boadilla del Monte, la compuso, la grabó a los pocos días, y se la puso a su hermana en el teléfono. «Salieron cuatro canciones en menos de 15 días. Ya estábamos para grabar», recuerda Amparo. «Si quieres subirte a un escenario te lo tienes que trabajar», señala Amparo, que tras acabar el ensayo aquel 2 de mayo por la mañana metió las cosas en su Peugeot 206, un coche que, pese al éxito posterior, siguió usando un tiempo largo. Para ellos estar allí, y tocar entre Latino Diablo y Morphin, a los que admiraban, era ya un éxito. «Cuando salimos nos quedamos alucinados, nada más salir estaba lleno, pero a medida que avanzaba el concierto venía más gente, algunos se metían en el lago, se caían por acercarse al escenario… fue algo increíble». «Hablando con ellos un día nos enteramos que se habían subido al escenario y se habían tirado desde allí», recuerda Amparo sobre una gira que de algún modo provocó «una subversión absoluta» de lo que era «natural» hasta entonces. «Es que los chicos subían al escenario se acercaban a Cristina, le daban un beso en la mejilla y se tiraban del escenario. Era todo muy espontáneo». Lo habitual era hasta entonces que las chicas subieran a dar un beso al rockero de turno. En vez de las groupies, eran los groupies. Dover cambió incluso eso en medio de la llamada tercera ola del feminismo tras «la década reaccionaria de los 80. Aquello se mantuvo varios años», recuerda la guitarra de la banda en este original reportaje de Roberto Bécares que quedará para la historia del grupo .

Majadahonda Magazin