Madrid, Galicia y Navarra recuerdan a Enrique Curiel, el político de PCE, IU y PSOE que murió en Majadahonda

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JORGE RUBIO. Carlos Rodríguez Pér (@xcarlosrope) lo recordaba en gallego a través de las redes sociales: “2 de marzo de 2011 morre en Majadahonda (Madrid) Federico Enrique Curiel Alonso, nado en Vigo o 15 de abril de 1947. Foi un político galego que militou en organizacións comunista e socialdemócratas”. Y también se han publicado obituarios en Madrid y Navarra. Y es que se han cumplido 7 años de la prematura muerte del profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y dirigente político que fue diputado al Congreso y se especializó en los asuntos relacionados con el Ministerio del Interior. “El 2 de marzo de hace siete años perdimos un gran político, un gran amigo: Enrique Curiel. Una figura clave para entender nuestra historia reciente escrita con su lucha antifranquista, pasando por su militancia en el PCE primero y en el PSOE hasta su muerte. Tratado injustamente en ambos como suele pasar con las gentes brillantes y libres. Sirvan estas breves y sentidas líneas como un recuerdo personal y político”, escribe José Luis Úriz Iglesias.

Y es que también con estas líneas ha sido recordado en Navarra: “Fue el inventor del término “casa común de la izquierda” para referirse al PSOE, en un vano intento de hacer posible en su seno la convivencia de gentes plurales, como las que llegamos desde nuestra militancia comunista a través de su “Fundación Europa”. Fracasó en ese intento y así siempre fuimos considerados como extraños en su seno. Gallego de nacimiento, madrileño de vivencia, vasco de adopción y catalán de análisis. Esas cuatro realidades le hicieron más comprensivo, sensato, mucho más que quien escribe estas líneas, a quien achacó innumerables veces su actitud lenguaraz y libertaria. Ha sido la persona con quien más he discutido en mi larga vida, pero en esos debates, no siempre confluyentes, se fue fraguando una amistad inquebrantable que solo su muerte pudo romper“, escribe José Luis Úriz Iglesias en su obituario de recordatorio.

Y Rafael Fraguas, desde El País, realiza esta necrológica: “Bien parecido, de excelente voz y orador desenvuelto, su actividad pública se foguearía en numerosas intervenciones en asambleas estudiantiles, reuniones abiertas y claustros. Su actitud se caracterizaba por una pulsión comunicativa que destilaba con soltura y que desplegaba con evidentes dotes de persuasión. Apuesto, cordial y afable, más pragmático que doctrinario, agitador sutil, dotado de una lógica convincente y provisto de un evidente carisma, su imagen contrastaba abiertamente con el estereotipo del comunista stalinista -amargado, sectario y dogmático-, difundido por el franquismo. Gracias a sus cualidades pudo hacer aflorar una vocación política irrefrenable, asentada en profundas convicciones marxistas, que le llevarían a evolucionar desde el socialismo tiernista hasta los planteamientos eurocomunistas preconizados por Enrico Berlinguer y Santiago Carrillo. El último curso por él impartido había sido sobre Teoría y Práctica de las Democracias. Estaba casado con Carmen Muro. Su muerte le sobrevino en la clínica Puerta de Hierro de Madrid, donde permanecía ingresado. Sufría un cáncer“.

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