“No es posible regular el taxi o los VTC en Madrid sin tener en cuenta lo que sucede en Majadahonda, Torrejón o Parla”

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JORGE RUBIO. La polémica sobre el conflicto entre taxi y los VTC (siglas que significan (Vehículos de Turismo con Conductor como Cabify, Uber, etc…) sigue sin resolverse de forma satisfactoria para ninguna de las partes implicadas en esta compleja situación. El catedrático de Derecho Consitucional de la Universidad Complutense, Eloy García, analiza por ello esta situación en el diario Expansión y señala que es imposible regular la movilidad de una ciudad como Madrid “sin tener en cuenta lo que sucede en Majadahonda”. Eloy García aboga por un estudio completo sobre la movilidad general de las ciudades antes de tomar medidas que regulen las necesidades del taxi o de los VTC: “No es posible regular la movilidad del taxi de una ciudad sin tener en cuenta cómo están en esa misma ciudad el metro, los autobuses, el tren o incluso el desplazamiento individual. Igual que no es posible regular el taxi o los VTC, en Madrid sin tener en cuenta lo que sucede en Majadahonda, Torrejón o Parla, porque el mapa de la movilidad local no conoce de fronteras políticas o administrativas. Entonces ¿Qué hacer y por quien hacerlo? Los jueces, la Unión Europea, La Comisión de Competencia… no, porque además de tratarse de una cuestión crucial para la existencia humana en la que están implicadas externalidades tan fundamentales como el medio ambiente, el urbanismo y todos los factores que hacen nuestra vida posible, es algo que afecta a todos. Cada sociedad tiene un particular modelo de movilidad que se adapta a sus propias circunstancias y que en una democracia corresponde diseñarlo al Parlamento”. A continuación reproducimos el artículo de Eloy García con su análisis del conflicto:

El catedrático Eloy García

“En estos días son muchas las voces que opinan de los problemas del taxi, pero pocas las que desde las entretelas de lo que sucede sugieren soluciones cabales. Para hacer luz en un tema tan embarullado es pertinente acudir a las palabras y decir que taxi es la palabra más globalizada que existe. Está presente en todas las lenguas con la misma grafía. En China, en el mundo islámico, en la aislada Nueva Guinea y en la selva africana. El término se debe a nuestro, Carlos I que en su condición de emperador de la cristiandad entregó a una familia griega, los Taxi, el privilegio del transporte de correo en todo el orbe. Con el tiempo los titulares perdieron el monopolio y pasaron a ser príncipes (los Turn y Taxi), mientras el servicio se globalizaba, adaptándose a cada circunstancia. Y es que aunque no viene al caso insistir en que antes de la actual mundialización hubo otras muchas de las que España fue responsable, si importa recordar que la globalización ha venido unida en la historia a la concretización territorial, de manera que lo que existe en todas partes, en todas partes es diferente para adecuarse a las necesidades concretas de cada sociedad porque de otra manera perece”.

“Y eso ocurrió con el taxi que se fue adecuando en cada país a su idiosincrasia en función del sistema de movilidad que cada sociedad poseía. Porque el taxi no es un elemento aislado que permite el desplazamiento de las personas individualmente, sino un segmento más del sistema de movilidad que tiene cada nación. Y este es un axioma trascendental que constituye el punto de partida de la cultura de la movilidad, del paradigma que se crea en los años 70 en torno a la obra de Lewis Mumford, un genio, amigo de Frank Wright. El hombre que tras el fracaso de Eisenhower nos enseñó que la movilidad no es una política de obras sino de servicios, que la movilidad no es una colección de sectores separados en compartimentos estancos sino un todo que se define desde el usuario, un problema de ingenieros sino multisectorial al que el derecho da formas”.

“Para dejarlo claro, no es posible regular la movilidad del taxi de una ciudad sin tener en cuenta cómo están en esa misma ciudad el metro, los autobuses, el tren o incluso el desplazamiento individual. Igual que no es posible regular el taxi o los VTC, en Madrid sin tener en cuenta lo que sucede en Majadahonda, Torrejón o Parla, porque el mapa de la movilidad local no conoce de fronteras políticas o administrativas. Entonces ¿Qué hacer y por quien hacerlo? Los jueces, la Unión Europea, La Comisión de Competencia… no, porque además de tratarse de una cuestión crucial para la existencia humana en la que están implicadas externalidades tan fundamentales como el medio ambiente, el urbanismo y todos los factores que hacen nuestra vida posible, es algo que afecta a todos. Cada sociedad tiene un particular modelo de movilidad que se adapta a sus propias circunstancias y que en una democracia corresponde diseñarlo al Parlamento”.

“Eso sucedió en Estados Unidos tras la guerra civil, cuando el ferrocarril creo la Unión. La historia jurídico-constitucional de los Estados Unidos está construida en torno al ferrocarril, a su favor y en su contra nacen la primera Agencia Federal, la noción de trust como oligopolio, la ejecutividad de la administración, hasta la competencia autobús-tren. Y este modelo corregido por las aportaciones de Munford, sigue vivo hoy. ¿Qué pasa en España? Que no hemos definido todavía qué parte de la oferta de movilidad debe ser mercado y cuál servicio público y sobre todo, no hemos encontrado la vía legal de hacerlo. Y ¿cuál puede ser esta? Pues, una ley marco del artículo 150.1 de la Constitución, una figura legal hasta ahora inédita que permite a las Cortes establecer los principios legislativos comunes sobre los que Estado, comunidades y ayuntamientos puedan regular los diferentes ámbitos de la movilidad”.

“Se trataría de una ley de principios de movilidad sostenible que marcaría las reglas comunes del conjunto de los problemas de la movilidad: la financiación del transporte urbano -capitulo oscuro dónde los haya-, la compatibilidad público-privado en el ferrocarril, los problemas del metro y los criterios que fundamentan la construcción de un ave en unos tramos si y en otros no… Una ley en suma que, sin detraer competencias a nadie, ordene la movilidad entorno a principios comunes. Una ley imprescindible para establecer orden dónde está empezando a imperar el caos, en el que los prestadores de los servicios se han adueñado de los modos (algo que no sucede sólo en el taxi porque el metro está igual), dónde el problema de la sostenibilidad es crítico, y también y hay que decirlo con mayúsculas, un ley que puede servir para mostrar un camino capaz de desatascar el problema más grande que hoy tiene nuestro país: la imposibilidad de la reforma Constitucional”.

“Porque puesto que no hay consenso entre los partidos para reformar la Constitución, ¿por qué no acometer las reformas más urgentes a través de leyes marco que sin alterar el reparto competencial vigente restructuren la acción colectiva sobre principios comunes? Eso es hacer política y no efectos virtuales. A la hora de valorarlo hay que tener muy presente lo que ya se dijo respecto de la experiencia de los Estados Unidos. La movilidad es la primera de las necesidades colectivas en una sociedad y de cómo esté regulada depende el tipo de país que se sea“.

Una respuesta para "“No es posible regular el taxi o los VTC en Madrid sin tener en cuenta lo que sucede en Majadahonda, Torrejón o Parla”"

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    JOSE MARIA BABOT VIZCAINO   28 febrero, 2019 at 6:20 pm

    Todo el mundo tiene derecho al trabajo. Igual que se sale en manifestaciones y se lucha por una vivienda justa, también se lucha por un trabajo digno, y el de conductor de VTC es igual de digno que el de conductor de taxi, por tanto, hay que dejarles trabajar. Si no se está de acuerdo con la empresa, igual que se sale en manifestaciones, pidiendo una vivienda digna, salgan contra las empresas pero no contra el trabajador, y dejen trabajar al que quiere trabajar. Hay que dejar vivir a todo el mundo Yo estoy totalmente en contra de lo que hicieron los taxistas, que nos involucraron a los usuarios y nos las hicieron pasar putas, y eso no se olvida así como así, yo por lo menos, y cuando tenga que usar un coche, me miraré muy mucho a por quién me decido..

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