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ZACARÍAS MARTÍNEZ-MAILLO (SOCIO Nº 165). El indudable éxito deportivo de nuestro Rayo Majadahonda tras haber conseguido el ascenso a la división de plata tiene una fundamental derivada: la exigencia de profesionalización. Sin embargo tendemos a reducir los efectos de la profesionalización a lo requerido por la Liga de Fútbol Profesional (LFP) por aplicación de la normativa; entre otros, conversión en Sociedad Anónima Deportiva (SAD), capitalización, ampliación del estadio, control de ticketing, etc, etc, etc. No creo que nadie minimice la complejidad de gestionar semejantes cambios, pero tampoco conviene olvidar las ayudas externas que se reciben, principalmente del Atlético de Madrid y -sí, también- de las instituciones públicas municipales.

Sin embargo, las exigencias formales de profesionalización no representan la principal dificultad. La profesionalidad debe ser predicable, además de al conjunto del Rayo Majadahonda como club de fútbol, a su directiva, a sus socios y a las Asambleas en las que se toman las principales decisiones. No pueden volver a producirse errores como el que desencadena la suspensión de la Asamblea del pasado 29 de junio en la que se debería haber ratificado la conversión del club en SAD. No puede nunca más desarrollarse una Asamblea como la mencionada: si la propuesta de la directiva es suspenderla, no hay tal Asamblea y por tanto no hay debate.

Un vicepresidente como miembro de la directiva no puede ridiculizar públicamente «a los políticos», sobre todo porque gracias a ellos y al Ayuntamiento, el club recibe pingües subvenciones directas e indirectas. Yo le sugiero que eche un vistazo a las decenas de clubes históricos de capitales de provincia que languidecen y desaparecen por, entre otras cosas, no disponer de un euro de ayuda pública (mi Zamora C.F., que se ha enfrentado muchas veces con mi Rayo, está a punto de fenecer). Es de bien nacidos ser agradecidos.

Debe terminarse con el victimista discurso de que «estamos aquí trabajando gratis por el beneficio del club, dando nuestro tiempo libre, quitándolo a nuestras obligaciones…». Quien no quiera estar ahí, que lo deje; no es una obligación. Profesionalización es, además, que el presidente acuda a la Asamblea más importante (por más entendible que sea su derecho a las vacaciones) o que el secretario no trate con indolencia y suficiencia a los socios.

Y, con todo, tengo para mí que nosotros, los socios, tenemos que hacer un esfuerzo titánico para conseguir profesionalizar nuestra condición, interviniendo con orden, evitando disquisiciones absurdas y ciñéndonos a los temas del orden del día de la Asamblea. Por cierto, del desastre del viernes solo se libran las intervenciones de Iriondo y Cubo. La Asamblea interrupta debe ser la última del pasado, más propia de una convulsa junta de vecinos que de una Sociedad Deportiva profesional. Un Rayo Majadahonda de Segunda División, una ciudad -sí, una ciudad-, merecen una Junta Directiva, unos socios y una Asamblea profesionales, no un ejército de Pancho Villa.

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