Una científica de Majadahonda denuncia: “nos ofrecimos como voluntarios pero no quieren ayuda”

Cristina Peña Maroto

LIDIA GARCIA. Cristina Peña Maroto, bióloga e investigadora de cáncer de colón que empezó en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda y que tras marcharse a Estocolmo regresó a Majadahonda y luego al Ramón y Cajal, ha denunciado que los laboratorios públicos pueden poner en test pero no se los piden y que han ofrecido ayuda voluntaria pero no la quieren porque las instituciones públicas han contratado eventuales baratos: “su voz se llena de impotencia al hablar de cómo han vivido la pandemia los investigadores hospitalarios, enviados a casa en muchos casos. “Trabajo en un laboratorio, sí, pero hablo con pacientes, manejo sus pruebas. ¿Es normal que no nos hayan pedido ayuda, mientras han contratado a gente sin experiencia y cientos de investigadores han ofrecido su ayuda voluntaria?”, se pregunta. Y añade: “No había test, decían, pero sí tenemos todos los medios para ponerlos en marcha en el laboratorio”. Y concluye: “No hay duda de que el parón de los circuitos de pacientes, muestras, cultivos celulares y demás, afectará en gran medida al desarrollo de la ciencia en España”.

Mª José Fuenteálamo

Vergüenza y maltrato a los científicos en España: 18 años de experiencia, 1.600 euros y eventuales. Científicos experimentados de toda España hablan sobre la precariedad de su sector”, es el titular de ña periodista María José Fuenteálamo en “El Español”. Ella ha entrevistado a Cristina Peña Maroto, esta científica con 18 años de experiencia, dos años en Suecia, y cuyo contrato acaba este diciembre de 2020, “y luego el vacío”. Cristina Peña empezó en el Hospital Puerta de Hierro, emigró a Estocolmo, regresó a Majadahonda y luego al Ramón y Cajal. “Según la normativa, cuando encadenas más de un contrato y superas tres años, si no te hacen indefinido entras en fraude de ley”. Pero no les hacen indefinidos… hasta que no lo ordena un juez. Así que la mayoría acaban en los tribunales. Demandan y ganan. Podría ser su siguiente paso. O cambiar de bando. “A la privada, pero… ¿por qué tendría que hacerlo? ¿Qué sentido tiene que esté en el público tantos años para luego?”. Alguna vez ha pensado dedicarse a otra cosa. “¡Por supuesto! Creo que no hay investigador que no haya pasado por ello en algún momento. La condiciones de precariedad laboral son totalmente desalentadoras”.

“Cada día es una lucha por ver si te renuevan o no”, añade esta investigadora en oncología durante 18 años, con una estancia en el Instituto Karolinska de Estocolmo. Trabaja en un hospital, pero a través de una fundación. Una dicotomía que la ANIH, la Asociación Nacional de Investigadores hospitalarios y de institutos públicos, lleva años denunciando: “no son personal sanitario, no acumulan antigüedad al pasar de un hospital a otro”. Ella lleva toda su carrera encadenando becas y contratos temporales. ¿Tienes la sensación de que la sociedad no reconoce vuestro trabajo? “Totalmente, la gente no es consciente de que detrás de ese ‘dolor de cabeza’ que se pasa tras ‘tomar un paracetamol’ hay un proceso de investigación de muchísimas personas, años, dinero y esfuerzo invertido”. Desde casa, trabajando con sus tres hijos pequeños y a la espera de lo que pueda traerle el 2021, no ve un futuro mejor, concluye.

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