
“Vivimos en un pueblo de Madrid, bastante cerca de la capital” explica la propietaria en alusión a Majadahonda.
MARIANA BENITO. (Majadahonda, 22 de marzo de 2026). La periodista Paula Martínez del periódico “La Vanguardia” ha entrevistado a una nueva vecina de Majadahonda que posee una originalidad: ha comprado una casa prefabricada en un terreno y le ha salido más barata que la construcción habitual. “La casa prefabricada de Teresa y su familia en Majadahonda (Madrid)”, es el titular del reportaje publicado este 13 de marzo de 2026, donde Teresa explica su experiencia.
“LA PRIMERA VEZ QUE PENSÉ EN UNA CASA PREFABRICADA ME IMAGINABA LA DE LOS TRES CERDITOS”, confiesa esta nueva majariega. “En aquel momento, ella y su familia vivían en una casa pequeña que, con el tiempo, empezó a quedarse corta. Cuando la familia creció, también lo hizo la necesidad de disfrutar de más espacio. Fue una amiga cercana, que estaba construyendo su propia vivienda prefabricada, quien les descubrió esta alternativa. “Estábamos un poco reticentes porque te imaginas una casa prefabricada y piensas que va a venir un vendaval y se la va a llevar”, admite Teresa. Pero esta idea preconcebida cambió cuando pudo ver de cerca cómo avanzaba la obra de su amiga. “Estuve con ella cuando la estaban haciendo y alucinábamos”, explica. UNA VEZ CONVENCIDOS DE DAR EL PASO, LO MÁS COMPLICADO DEL PROCESO FUE ENCONTRAR LA PARCELA. “Para hacerte una casa es muy importante encontrar el terreno adecuado y no conseguíamos una parcela que nos encajara”, cuenta. A esto se le sumaba que el Ayuntamiento de Majadahonda estaba un poco reticente cuando solicitaron la licencia. “Vivimos en un pueblo de Madrid, bastante cerca de la capital” explica la propietaria en alusión a Majadahonda. Y aunque en el municipio sí existen algunas viviendas prefabricadas, en su entorno más inmediato no era lo habitual. El principal temor era que la vivienda rompiera con la estética del entorno. “Les preocupaba que fuera una casa demasiado moderna”, añade. Para evitar ese choque visual, el proyecto se adaptó al estilo de la urbanización. Inicialmente, el diseño contemplaba una fachada completamente de hormigón, pero tuvieron que introducir cambios para integrarla mejor en el entorno urbano. “Nuestra casa combina hormigón con piedra, así que no es de estas viviendas tipo cubo que se ven a veces”, explica Teresa.
UNA VEZ INICIADO EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN, LOS PROPIETARIOS ASEGURAN QUE LO QUE MÁS LES LLAMÓ LA ATENCIÓN FUE LA RAPIDEZ EN COMPARACIÓN CON UNA CASA CONVENCIONAL. “Cuando ya tienes la parcela y la licencia, la casa se levanta en muy poco tiempo. En nuestro caso, la estructura de una vivienda de unos 220 metros cuadrados estuvo lista en apenas 10 días”, confiesa. Según cuenta, el contraste con su experiencia anterior fue enorme. “En la que vivíamos antes estuvimos casi tres años hasta que nos la entregaron. En cambio, con esta casa fueron seis meses justos”, recuerda. Pero más allá del tiempo de construcción, Teresa también destaca otras diferencias que han notado durante estos cuatro años viviendo en una casa prefabricada. “El aislamiento es una maravilla. No oímos ningún ruido y vivimos en el centro del pueblo”, asegura. A eso se suma la eficiencia del sistema de climatización: “Tenemos aerotermia con suelo radiante frío-calor y, si además pones placas solares, el consumo es muy bajo”. Además, uno de los aspectos que más valora del sistema modular es la previsibilidad del presupuesto. “Te dan el precio cerrado desde el principio. Salvo que haya algún problema con el terreno, el coste de la casa es el que te han dicho”, explica.

“En realidad lo que viene prefabricado son los muros, que se hacen en fábrica, normalmente de hormigón, y luego aquí se monta la casa y se terminan todas las instalaciones”

Inicialmente, el diseño contemplaba una fachada completamente de hormigón, pero tuvieron que introducir cambios para integrarla mejor en el entorno urbano.
AHORA, LA GENTE DE SU ENTORNO SUELE SORPRENDERSE IGUAL QUE LE OCURRIÓ A ELLA AL PRINCIPIO. “La primera reacción suele ser: ‘¿Una casa prefabricada? ¿De verdad?’”, cuenta. Pero esa percepción cambia en cuanto visitan la vivienda. “Siempre les digo: tenéis que venir a verla”. Y cuando lo hacen, la respuesta suele ser muy distinta. “La gente se queda alucinada. Dicen: ‘No pensábamos que era así’. Pero en realidad es una casa perfectamente normal, como una convencional… o incluso mejor”, asegura. Para Teresa, parte de ese escepticismo tiene que ver con los prejuicios asociados a la palabra “prefabricada”. Muchas personas imaginan una vivienda que llega ya hecha y se coloca sin más, cuando el proceso es muy distinto. “En realidad lo que viene prefabricado son los muros, que se hacen en fábrica, normalmente de hormigón, y luego aquí se monta la casa y se terminan todas las instalaciones”, explica. Por eso cree que la percepción acabará cambiando con el tiempo. “Hay mucho prejuicio todavía, pero yo creo que es el futuro de la construcción”, concluye. Ella, por su parte, asegura que volvería a elegir una casa prefabricada una y mil veces, finaliza el reportaje.






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