
Primer tiempo sin ninguna situación de peligro en las dos mitades del campo. El Rayo Majadahonda cayó en la “trampa” del Gernika, que basa su estilo en el juego aéreo y el fútbol directo con la cabeza, el pecho, la volea y balón siempre arriba. Los majariegos se contagiaron de ese juego y el resultado fue de gafas (0-0) en esa primera mitad sin apenas nada que reseñar salvo el duelo a fuego en el centrocampismo porque nadie quería ceder terreno. La segunda mitad fue otra historia. El Gernika salió a ganar pero con un exceso de ansiedad a causa de su penúltima posición en la tabla. Y a los equipos con problemas no les salen las cosas bien porque las prisas son siempre malas consejeras.
Por contra, a los clubes que están arriba les sale todo perfecto, creen en su fútbol y al final este deporte es un estado de ánimo: el Rayo Majadahonda jugó con la baza a favor que supone disfrutar de la suerte de los campeones. Y el gol viene en el minuto 8 del segundo acto como resultado de una pérdida de balón en el centro del campo, recupera la bola Vicente, que le dio un pase en profundidad a Portilla. Este coge el “expreso” por la banda izquierda y cuando llega casi a la línea de fondo da el pase de la muerte. Quien llegaba al área también en AVE era otro velocista, Jorge Frutos, acompañado del corpulento central vasco que lo marcaba. Sale a su encuentro el portero vasco Altamira pero el segoviano mete el pie, eleva la bola y se adelanta a todos, marcando un gol antológico y muy valioso, porque a la postre decidió el partido y los 3 puntos.
A partir de ahí el Rayo Majadahonda quedó prisionero del Gernika en su área. El equipo vasco hizo dos cambios para introducir futbolistas incluso más altos, mientras que Iriondo refuerza la defensa con Cidoncha. El Rayo Majadahonda tuvo un par de contras, no muy claras pero lo suficientemente peligrosas como para meter miedo en la viña de Gernika. El resto fue un asedio: corners, faltas laterales, saques de banda prolongados al área en un campo pequeño de hierba artificial donde el saque de manos es en realidad de esquina… y así durante 30 minutos. Paradas de Miguel Angel, una pierna providencial de Oliva, el poste que frena a Larru… Los visitantes evidenciaban un cierto desorden ante los atropellos de un Gernika que espoleado por su público quería venganza en el marcador, pero el Rayo Majadahonda supo sufrir y hasta cuatro centrales amontonó Iriondo en el centro de la defensa para detener las embestidas vascas y defender el resultado, con Iñaki, Oliva, Cidoncha y Fabri achicando balones y agua por todas partes, sobre todos las aéreas. Y en este belicoso ambiente de bombardeo constante no de Gernika sino del Gernika pitó el colegiado el final del partido.
Mientras llegaban los ecos de que Majadahonda era una fiesta y se acostaba por segunda semana líder sabatino (y 1 dominical). ¿Es tiempo ya de soñar? El presidente del club, Enrique Vedia, se mostraba cauto: “la afición puede ir soñando, para mí todavía es pronto”. Pero lo cierto es que la moral de la plantilla es muy alta: en el hotel donde se hospedaban coincidieron con el Fuenlabrada (11º) y mientras en el equipo vecino madrileño se respiraba tensión y silencio, en el Rayo Majadahonda se palpaba la alegría y buen ambiente de los que disfrutan jugando al fútbol. Ñoño contaba chistes con su salero gaditano, a otro le quitaban el jamón del plato, bromas, camaradería, espíritu de equipo… Antes de esta importante victoria, el Rayo Majadahonda fue a San Mamés y se encomendó al cielo de la nueva Catedral. En el viaje de ida había velado armas en el Castillo de Lerma, ritual que hace siempre que viaja al País Vasco, y ya en el de vuelta cenó en Burgos, cuya capital también es célebre por su portentosa catedral. Y es que este Rayo Majadahonda sigue en las nubes a Dios rogando y con el mazo dando.











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