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Ana Bermejo es vecina de Majadahonda desde 1997 y superviviente de un cáncer

ELENA MARTICORENA. Ana Bermejo Ventura (Madrid, 1964) es vecina de Majadahonda desde el año 1997: «Es un municipio que lo conozco hace muchos años y que me gustaba porque reunía todo lo que yo quería para vivir: naturaleza, servicios, tranquilidad, buena conexión con Madrid y mis amigos que están por esta zona Oeste», declara. Se confiesa paciente, serena, una enamorada del ser humano y del aprendizaje que este estado ofrece. Es una apasionada de la armonía y la sencillez; persistente en lo que cree y con la motivación de aportar al mundo, algo mejor. Su vida dio un cambio radical en agosto de 2009, cuando el cáncer llamó a su puerta. «Hasta entonces había tenido una vidaacomodada” en muchos sentidos, inmersa en el estrés, en los horarios estipulados, en atascos de 2 horas diarias en el mejor de los casos y esperando a disfrutar solo de los fines de semana y las vacaciones estivales y navideñas. Imaginaba que era lo normal porque todo el mundo en mi entorno lo hacía. No me había parado a pensar si habría la posibilidad de vivir la vida de otra manera. Cuando el cáncer y mi baja laboral me permitieron parar y empecé a intuir que podía diseñar una vida con sentido, abrí un melón que ya nunca se cerró. A partir de ahí se produjo un “despertar de conciencia” en mí, progresivo pero constante, que ya nunca he dejado. El cáncer me hizo sentir viva y por eso estoy en continuo aprendizaje conmigo misma, descubriendo cada vez más a la maestra que llevo dentro, recuperando mi poder interior en todos los proyectos en los que me involucro. Y ahí sigo, sin aburrirme» explica Ana Bermejo Ventura.

Elena Marticorena

¿A que te dedicabas antes de padecer cáncer? –En mi espíritu sagitario explorador y aventurero está buscar la armonía en mi vida, y es por ello que he pasado por muchas dedicaciones profesionales. En una primera etapa me formé como Programadora de Gestión, una profesión vanguardista entonces, algo que no me apasionaba pero que me permitiría tener un trabajo (siguiendo la creencia parental de antes) cuando la nota de corte de la selectividad me impidió hacer lo que me hubiera gustado: psicología o pedagogía. Después me formé en Administración y Contabilidad (cursos de formación profesional) pasando a desempeñar estas labores en el ámbito corporativo en varias empresas hasta llegar a una multinacional francesa, en la que me desarrollé durante 20 años. Posteriormente, y después del cáncer, entendí que, laboralmente hablando, había estado muy desviada de mi camino y ahora tenía el coraje para abandonar esa zona de confort y lanzarme a trabajar con personas y no con papeles. Me escuché, reconocí mis habilidades desde la infancia y decidí formarme en el mundo de la Imagen. Mi deseo era llegar a tratar a la persona de una forma holística, atendiendo todos sus cuerpos, desde lo más estético y superficial a lo más interno y sutil.

Ana Bermejo con sus dos hijos cuando eran pequeños. A ellos les agradece su compañía y apoyo todos estos años.

¿Cómo te formas en ese mundo de la Imagen?  –Comencé a formarme de fuera hacia dentro, como maquilladora profesional, de la mano de Mauro Saccoccini (la imagen de Chanel en España por muchos años). Después me formé en moda, como personal shopper, de esa manera tenía herramientas para abordar la imagen externa, pero me faltaba conectarlo con la identidad de la persona, esa que tenía en cuenta las emociones, sentimientos y pensamientos. Y así fue como sentí que encontré mi verdadera profesión, con el Máster de Experto en Coaching de Imagen, donde todo se conectaba, la imagen más interna y sutil con la imagen externa.

¿Qué supuso el máster para ti? –No fue solo un Máster profesional sino de vida. Me di la vuelta como un calcetín y entendí que si me quería dedicar a ello, debía pasar por quitarme capas y personajes para llegar a conectar con mi esencia más auténtica, a reconocerme, pero de verdad, conocer mis valores más profundos e innegociables y ponerlos a mi servicio. Esos valores y sentimientos componen una filosofía de vida a la que hasta el día de hoy estoy dulcemente aferrada. En la actualidad estoy colaborando también en un proyecto de protección y sostenibilidad financiera con Mónica Alves, en el que tenemos la oportunidad de ayudar a colectivos más desfavorecidos y menos contemplados. Segunda parte: «Elegí luchar contra el cáncer y vivirlo con mucha consciencia para aprender lo que este maestro me vino a contar»

 

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