
MIGUEL SANCHIZ. (Majadahonda, 11 de septiembre de 2026). Cuentos reales de Verano: El Pregón Imposible. El Ayuntamiento llevaba semanas anunciándolo: “Este año, el pregón de las fiestas será histórico”. Nadie sabía por qué, pero la frase se repetía tanto que el pueblo empezó a creerla. A las 7 de la tarde, la plaza estaba llena. Los niños con globos. Los abuelos con abanicos. Los jóvenes con ganas de fiesta. Los concejales con nervios. Y la alcaldesa con un discurso que había rehecho tres veces porque cada versión era peor que la anterior. El pregonero invitado era don Anselmo, el vecino más veterano del municipio: 92 años, memoria selectiva, y una tendencia natural a contar anécdotas que empezaban en 1954 y terminaban en 1978 sin pasar por 1960. El escenario estaba preparado: banderines, micrófono, atril, altavoces, y una pancarta que decía: “Majadahonda en fiestas: ¡Vive el Verano!”, aunque alguien había escrito debajo, con rotulador: “Y el invierno también”. La banda municipal afinaba. La alcaldesa sudaba. La concejal de Cultura buscaba el cable del micrófono. Y don Anselmo, sentado en una silla plegable, preguntaba cada 2 minutos: «¿Y qué tengo que decir?». Lo que quiera, don Anselmo», respondía la alcaldesa, cada vez con menos convicción. A las 7:10, la concejala anunció: «¡Va a comenzar el pregón!». La banda tocó una fanfarria que sonó como si se estuvieran peleando 2 trompetas. La alcaldesa subió al escenario, saludó, agradeció, saludó otra vez, agradeció de nuevo, y finalmente presentó al pregonero. Don Anselmo se levantó. La plaza guardó silencio. El micrófono pitó. La concejala golpeó el cable. La alcaldesa se santiguó discretamente. Don Anselmo acercó la boca al micrófono y dijo: «Buenas tardes». La plaza aplaudió como si hubiera dicho un poema. «Majadahonda es un pueblo muy bonito. Yo llegué aquí en el año…». Se detuvo. Miró al cielo. Miró a la alcaldesa. Miró al público. «En el año… bueno… en un año». Se escucharon algunas risas pero la plaza volvió a aplaudir.

Don Anselmo siguió: «Cuando yo era joven, aquí no había nada. Bueno, había una fuente. Y una señora que vendía churros. Y un burro. El burro era del señor Julián, que tenía un carácter…». La alcaldesa intentó intervenir: «Don Anselmo, quizá…» Pero ya era tarde. El pregonero había entrado en modo narrador. «El burro se llamaba «Platero«. Era muy listo. Una vez se escapó y apareció en la iglesia. En plena misa. El cura dijo que era una señal. Pero luego resultó que no, que era el burro». La plaza estalló en risas. La alcaldesa se rindió. La concejala de Cultura se sentó en el borde del escenario. La banda dejó los instrumentos. Don Anselmo continuó: «Y ahora que estamos en fiestas, quiero decir una cosa muy importante». La plaza se inclinó hacia adelante, expectante. «Lo importante es… que el burro ya no está». Silencio. Luego risas. Luego aplausos. Luego más risas. La alcaldesa, viendo que aquello se descontrolaba, decidió intervenir: «Muchas gracias, don Anselmo. ¡Viva Majadahonda!». Pero don Anselmo levantó la mano: «Un momento. Falta lo más importante». La alcaldesa tragó saliva. «Lo más importante es que… ¡empiece la fiesta!». La banda tocó algo parecido a un pasodoble. Los niños saltaron. Los abuelos aplaudieron. Los jóvenes gritaron. La alcaldesa respiró. La concejala lloró de risa. Y don Anselmo, satisfecho, se bajó del escenario diciendo: «Si quieren, mañana cuento lo del burro y la bicicleta». Desde aquel día, aquel pregón se recuerda como el más caótico, entrañable y divertido de la historia del municipio. Y cada vez que alguien pasa por la plaza, se pregunta: ¿Qué habría pasado si el burro «Platero» hubiera estado vivo?


¡Ay, Miguel! Que te vas a meter otra vez en problemas con el Ayuntamiento…
Consideraciones literarias aparte, celebro su vis cómica, y le digo al Ayuntamiento que es sólo un cuento y nada más…
Miguel, es un cuento, sí. Y muy bien contado. Pero cuántos pregones y pregoneros, y cuàntos burros, por cierto, encajan en tu descripción. Falta solamente un concejal de cultura para completar el cuadro. Verás, y ahora hablo de España, en general, pocas concejalías he visto más vacías de contenido, salvo en el apartado fiestas. En fin, un abrazo y que no se extinga nunca tu chispa. Y que seas ya el pregonero, hombre. Que lo harás de maravilla.
Mira que te gusta provocarrrrr ….!!!!
Me encanta.
Enhorabuena por ser tú.