
VICENTE ARAGUAS. (25 de agosto de 2024). A una hora de Praga, bellísima la capital de la República, tanto que para algunos este país repleto de atractivos se reduce a ella, se halla Kutná Hora. Una ciudad plateada, me atrevo a decir, y no solamente por sus minas de plata, hoy extinguidas, en su momento fuente de riqueza imparable para Bohemia (en cuya región se encuentra). No, no voy a cansar al lector con una serie de datos a su alcance, por lo demás, en internet. Que yo quiero alabar con ilustraciones y, no hay otro remedio en la prensa escrita, aun en la digital, con alguna glosa que me sale del alma sobre esta “pequeña Praga”. No, no hagan caso del apelativo. También lo dicen de Olomouc, donde estoy viviendo ahora, y es que el personal disfruta buscando remedos (que no remedios, y recuerdo aquel marinero de Cedeira, que harto de remar, y pues su mujer se llamaba “Remedios” bautizó su bote como “Reme Dios”, así, separado, en mayúscula, con un “Que” de lo más elíptico), sin entender que las ciudades, cualquiera, están hechas del mismo molde que los humanos: alma, corazón y vida, como en el valsecito peruano aquel.









