
VICENTE ARAGUAS. (20 de agosto de 2025). Mi Amor: Betanzos. El viajero por estas tierras, las mías, las que me dan ahora cuanto necesito, hará bien en acercarse a Betanzos (A Coruña). Una “vila” medieval, bien fortificada en tiempos bélicos, que aún conserva bastiones y puertas, y una altura importante con dos plazas, Irtmáns García Naveiras y Constitución, centrando un paisaje urbano considerable. Cierto que a la plaza citada en primer lugar le sobra ese estafermo en forma de simulacro de rascacielos (“rascaleches” le hubiese dicho Miguel Hernández) afeando un entorno bien armónico, en el que incluso la presencia de los citados hermanos, en forma de monumento exaltación de la telefonía como señal de progreso, tiene lugar de honra. Y ahora cambiamos de plaza, camino de Constitución, dejando a un lado (o entrando en ellos) negocios de todo tipo que dan a Betanzos ese aspecto de ciudad recoleta, nostalgias provincianas donde todo encaja en rompecabezas, por definición, variopinto. Y en lo alto la iglesia de Santiago, recordando que Betanzos, hasta las divisiones hoy conocidas fue una de las siete provincias gallegas, está en medio del Camino Inglés, uno de los que llevan a la Ciudad Jacobea.









